La Ciudad Espléndida

Observaciones urbanas para una sociedad más humana

Reivindicar el valor del sufragio para reivindicar la dignidad humana- Carlos Antonio Solís Tejada

La venta del voto

Observar por los medios nuevos y tradicionales los relatos e imágenes de cientos de personas madrugando para formar largas filas, que luego degeneran en empujones y atropellos, para conseguir un pedazo de jamón subsidiado en las «Naviferias» organizadas por el gobierno nacional, da mucho de que pensar sobre muchos temas que atañen al estado actual de la política criolla en especial el clientelismo político, el discurso demagógico paternalista que lo sostiene y el sentimiento buenista que lo justifica.

Estos tres puntos nos dan las claves del nivel de degradación de la democracia panameña por parte de una ciudadanía que no ha sabido apreciar el valor inestimable de su deber cívico de elegir a sus gobernantes. Este es un privilegio que en muchas partes del mundo no es posible tener y que por fortuna podemos disfrutar en Occidente por virtud de la Democracia, la cual con todas sus imperfecciones, nos permite vivir con mayor libertad comparado a otros regímenes. Sin embargo esto no siempre fue así.

Condicionar el voto: El Sufragio Censatario

Es importante recordar que en muchas partes de Occidente por un largo periodo de la historia de la democracia moderna, el derecho y deber de votar era una franquicia reservada a unos cuantos. Su acceso dependía de la legislación de cada país, pero tenía como denominador común, la exclusión de las masas pobres e iletradas de poder incidir directamente en la gobernanza de un país o ciudad por temor a los problemas políticos que pudiera generar someterse a la tiranía de la turba.

Este régimen electoral en muchos países se daba en la forma del sufragio censatario el cual hacía del voto efectivamente un privilegio de la clase media y alta condicionando este derecho a la tenencia de títulos de tierras, el pago de impuestos o al nivel educativo.  El voto por tanto era un bien altamente cotizado que debía ganarse o mantenerse con mucho esfuerzo o astucia dependiendo de cómo se logre la movilidad socio-económica ascendente o se mantenga dicha posición.

Si bien no es mi deseo hacer apología de la exclusión social, me pregunto si el sufragio ha sido devaluado fuertemente al convertirlo en un derecho universal convirtiéndolo en un bien al que se piensa se puede despilfarrar por ser aparentemente de acceso común y gratuito. El gran problema del sufragio universal, es que si bien le da poder efectivo de incidir en la cosa pública a todos sin distinción, su potencial es solo aprovechable para unos cuantos que desean ejercer el poder efectivamente. Esto crea naturalmente una condición de mercado donde cada voto es una mercancía que se valoriza; mientras más oferentes pujen por adquirirlo para su provecho exclusivo, más se valoriza.

Es por ello que es totalmente racional su venta al mejor postor, si se piensa bien, unos venden el voto de forma idealista a la mejor propuesta programática, otros con necesidades más mundanas lo venden de forma realista al que más dinero u oportunidades de subsistencia ofrezca. En otras palabras, unos dan su voto a palabras e ideas que muy probablemente se llevarán el viento, otros a hechos más concretos y tangibles. ¿Quién es más irracional entonces?

También se puede argüir que la incorporación de las masas iletradas y empobrecidas ha sido un logro importante para la salud de las democracias al mantener sus gobiernos teóricamente en contacto con las necesidades más básicas para la subsistencia de los seres humanos: tener que comer, tener donde dormir, estar seguros y poderse mantenerse saludables y contentos en lugar de las elucubraciones ociosas de las elites intelectuales. Sin embargo, en países con niveles de pobreza altísimos se hace necesario debatir abiertamente sobre la pobreza, el rol del individuo y de la sociedad para superarla y cómo esto afecta el mercado electoral y la gobernanza en países como Panamá.

La pobreza: heroes y villanos

Si se observa empírica y/o anecdóticamente las historias paralelas de familiares y conocidos que se han mantenido, salido o caído en la pobreza, uno comprende que en el fondo hay un importante componente psicológico que condiciona a las personas en sociedades libres a pensar que están irremediablemente condenadas a ser pobres o que la vida les ha castigado a dejar una vida privilegiada y perdidos en la ignominia, o alternativamente hay personas que piensan que si tienen el poder de superar su condición. ¿Esto quiere decir que teniendo una mejor autoestima y los valores y actitudes que la estimulan o lo destruyen se resuelve el problema de la pobreza? Ojalá fuese así de sencillo.

Es innegable que todos nacemos bajo circunstancias económicas, sociales y biológicas desiguales que condicionan nuestro punto de partida en la carrera de la vida sin embargo en una sociedad libre como la panameña está en cada individuo decidir cómo sus vidas evolucionarán y evaluar cuanto esfuerzo se está dispuesto poner. En este sentido un flaco favor se les hace en especial a los jóvenes nacidos en pobreza al decirles que su condición se debe a una sociedad malvada o un sistema económico perverso que los condena a vivir así. Este discurso es sumamente dañino al crear sentimientos de impotencia que condicionan a las personas a ser vulnerables a la dependencia y la necesidad de someterse a un patrono del cual dependerán absolutamente para subsistir o buscar el camino de la delincuencia, la violencia, la deshonestidad y el mal vivir en lugar de formarse y educarse trabajando con disciplina poco a poco para procurarse un mejor futuro

Si nuestra sociedad fuera tan malvada y el sistema económico tan perverso, ¿como se explica que en Panamá como en otras partes del mundo,  se den millones de historias de movilidad social de éxito; aquellas como la de muchos de nuestros padres o abuelos que decidieron individualmente educarse, trabajar duro o emprender, no para hacerse millonarios o poderosos, sino más bien para avanzar aunque sea un peldaño arriba en la carrera de la vida? Es evidente que las limitaciones existen pero no son insuperables; empero tampoco se puede absolutizar la posibilidad del éxito por esfuerzo propio ni tampoco idealizarlo ya que no todos logran el avance económico de forma legítima y no todos logran ser premiados justamente.

Tomando el punto anterior en consideración, existe el peligro real de vanagloriarse de la ventaja social y sentirse moralmente superior, pero por otro lado no se puede negar y callar el rol de los valores, las ideas, actitudes y creencias en las decisiones que se toman para avanzar en la vida. Estos valores alimentan la esperanza de que los hijos de estos escaladores sociales, avanzásemos uno o dos peldaños más que ellos al ofrecernos nuestros padres una ventaja comparativa relativa a su condición original. No hay que vanagloriarse pero tampoco se debe tener vergüenza de hablar al respecto a quien necesite un consejo para prosperar.

Nótese como el ambiente más óptimo para el avance social es el de una sociedad libre, pero no necesariamente el de una sociedad justa. La libertad, al permitir a todos escoger de acuerdo a nuestros gustos, valores y potencial crea necesariamente desigualdad en los resultados de nuestros esfuerzos sin embargo al mismo tiempo en teoría le permite a todos igual oportunidad de decidir su destino.

La búsqueda de una sociedad justa es positiva siempre y cuando reduzca las brechas entre distintos puntos de partida pero puede ser perjudicial si se convierte en una excusa para buscar una ilusoria igualdad de resultados, esto simplemente va contra la naturaleza misma del ser humano y la sentido de su competitividad colectiva o individual que permite a las sociedades avanzar.

Si se quiere nivelar las brechas en el punto de partida, urge mejorar la calidad del sistema educativo y de salud pública, haciéndolas atractivas para todas las clases sociales. Si bien existen grupos sociales que buscan proveedores de servicios que los separen socialmente de grupos más desaventajados, la mayoría de los que buscan los servicios privados buscan servicios y ambientes cónsonos con su estándar de vida y no necesariamente la exclusión social.

Un ejemplo de ello lo vemos en las escuelas privadas católicas de la Ciudad de Panamá, si bien al principio sirvieron a la elite socioeconómica, hoy por hoy los servicios educativos que ofrecen de una calidad relativamente mayor que la mayoría de las escuelas públicas y privadas son accesibles tanto al hijo de la clase media baja como al hijo del millonario. Lo mismo vale para los hospitales privados. Esto nos indica que existe un potencial para universalizar servicios públicos de calidad en condiciones óptimas, donde ricos y pobres se sientan igual de cómodos y se pueda garantizar un comienzo en condiciones educativas y de salud similares para todos, sin embargo es muy difícil controlar otros factores diferenciadores como la integridad de las familias con presencia de padre y madre, la condición socio económica de las personas o las diferencias biológicas, psicológicas o antropológicas.

El Buenista, el Demagogo y su Padrino

No poder controlar todas las desigualdades y desventajas no debe servir de excusa para tratar de obstaculizar el camino a los aventajados ni de infantilizar a los menos aventajados, el buenismo hace precisamente esto, es de por si un vicio de la nobleza de corazón. Un exceso de bondad hacia los marginados puede crear dependencia al desincentivar el esfuerzo propio al regalar todo desde notas escolares, efectos personales a comida excusándose en las supuestas barreras estructurales que pone una imaginaria elite con motivos malévolos. El buenista trata de proteger como niños a los más pobres de la crueldad de la vida, lo que no se percata el buenista es que muchos de los que trata de proteger tienen vicios de conducta y carácter que deben corregir temprano antes de que sea demasiado tarde.

Al buenista le acompaña el político demagogo aquel que usa en provecho propio las desigualdades sociales para crear en los más desaventajados envidia y resentimiento y en los buenistas un sentimiento de indignación tomando la bandera de la justicia social. Lo más curioso tanto del buenista como del demagogo es que nunca estarán dispuestos a ceder sus privilegios en nombre de la igualdad social, ni tampoco sacrificarán sus vidas y comodidades para lograr elevar el estándar de vida de los más pobres. De hecho muchos buenistas y demagogos viven del cuento, si algún día se erradicara la pobreza se quedarían sin causa y buscarán otro grupo al que defender como niños…de hecho ya está ocurriendo los nuevos pobres son quienes ellos cataloguen creativamente de minorías.

La gran tragedia de la democracia en países pobres es que por lo general es la demagogia, y no la honestidad, el discurso ganador. Lo que hace de la demagogia un discurso ganador frente a la honestidad es que viene acompañado de acciones materiales inmediatas en la forma de ayudas y donaciones. Es así como el demagogo se convierte además en paternalista recibiendo el espaldarazo discursivo de su amigo el buenista y el alimento económico de los grupos de interés que quieren dominar la política del país. El financista se convierte en padrino del demagogo y del buenista, por lo tanto ambos le hacen consciente o inconscientemente el mandado al padrino. Por su parte, el padrino pone a disposición del buenista y el demagogo  todo el aparato mediático que junto con el aparato académico perpetua su mensaje y mantiene a raya al honesto.

El demagogo junto con su padrino encarece cada vez más la política al hacer de cada ciclo electoral y de gobierno una competencia desleal de quien dona más y quien promete más trabajos en el gobierno. El buenista sabe que esto no está bien, pero lo justifica intelectualmente en base a la pobreza y necesidad que existe en el país. Lo que escapa de la vista del buenista es que existen distintos tipos y grados de pobreza, no es lo mismo ser pobre en las comarcas indígenas o en algunas comunidades rurales apartadas que ser pobre en la ciudad de Panamá. Como tampoco es lo mismo ser pobre en África comparado a ser pobre en Inglaterra. Para el buenista en la práctica todas las formas de pobreza son iguales y merecen la misma receta: más asistencia pública y poco trabajo en cambios actitudinales. El primero trae cambios superficiales más rápido que el segundo; además el  pedir un cambio actitudinal supone para el buenista un juicio de valor que admite el supuesto de que existen valores y formas de vida superiores y otras inferiores lo cual para el buenista»culpabiliza» a quien el ve como víctima de la sociedad.

Para el demagogo como a su padrino estas sutilezas no le son de mucho interés, lo importante es que el buenista les siga manteniendo el cuento.  Es así como en Panamá reina el caos, es así como la clase media se encuentra secuestrada y esquilmada por el demagogo, su padrino y el buenista. La clase media se ve obligada, por ley y por deber moral, a pagar la cuenta de los gustos del demagogo sin verdaderamente trabajar (solo seguir las ordenes de su padrino), pagar con sus impuestos los negocios leoninos del padrino con el estado además de la inacción del estado frente a los grandes intereses económico y pagar con sus impuestos la bondad del buenista en forma de asistencia pública, botellas y subsidios a la mayoría de la población sin rendición de cuentas que mantiene la base de votantes contentos y mantiene la maquinaria electoral engrasada, no importa el partido al que se pertenezca.

Lo más patético de todo es que a pesar de ser la clase media la que paga la fiesta, es la que menos voz y voto tiene, primero por ser minoritaria, segundo porque el buenista se encargará de censurarla públicamente como clasista, racista e insolidaria y todos los epítetos que se le ocurra. Peor aún a pesar de ser quien paga es la clase que menos prioridad recibe en los servicios públicos y menos valor por su dinero verá…y no tiene opción.

Para salir de esta situación, la clase media debe: A. Trabajar incansablemente para educar y sacar de la pobreza el mayor número de personas liberándolas de las garras del demagogo, el buenista y sus padrinos B.  Tomarse el poder para librarse de sus secuestradores o  C. Salir del país y dejar que se pudra. Claramente, el primer camino es el más digno y existen dos herramientas que podría encarrilar al demagogo, al buenista, al padrino y sus dependientes en el camino correcto: El voto censatario o alternativamente el pago universal del impuesto sobre la renta.

El voto censatario, calificaría para votar solamente a aquellos que pagan el impuesto sobre la renta y tienen como mínimo una título de bachillerato. La ventaja de un sistema así es que permite a quienes sostienen al estado tener la voz cantante y evitar así que los que dependen del estado abusen del erario público. La única desventaja sería acallar la voz de una gran mayoría…temporalmente. Puede ser temporal ya que tanto el demagogo, como el buenista y sus padrinos pueden trabajar incansablemente para lograr formalizar a quienes dependen de ellos que viven en la precariedad de la informalidad.

Los negocios informales son microempresas con mucho potencial, sin embargo el informal tiene el mismo problema del profesional independiente, precisa disciplinarse financieramente y laboralmente. Los asalariados lo tienen más fácil pues su patrono por lo general se encarga de inscribirlo en la Caja de Seguro Social y se encarga de pagar sus impuestos tanto el educativo como el de la renta, si es que tiene el nivel de ingreso que lo obliga a pagarlo. Además, el patrono acumula el ingreso diario del asalariado y lo deposita en una cuenta bancaria por el. Al final de cada quincena el patrono se aseguró de crearle un ahorro a su empleado y le obliga a controlar sus gastos al tener que planificarse quincena a quincena o mes a mes, en muchos casos no lo logra, en muchos otros sí.

Dado que el demagogo necesita del voto de los pobres, en un sistema censatario necesitará lograr que sus seguidores paguen impuestos y abran cuentas de ahorros. Al mantenerse constantes y disciplinados en dos años estas personas pueden acceder al crédito bancario. Acceder al crédito le posibilita mejorar su nivel de vida y le obliga a disciplinarse más financieramente, dicha disciplina le ayudará si tiene suerte, a expandir su negocio y convertirse en un pequeño empresario con un área de trabajo más cómoda, equipo y maquinaria que le permita ejercer mejor su negocio. Si tienen éxito estos pequeños empresarios contratarán personal impactando inmediatamente en la vida de sus vecinos. Esto los independiza efectivamente de sus benefactores aunque mantendrá con ellos un lazo de gratitud que se debilitará con el tiempo.

La otra manera que se puede aumentar la base de votantes es universalizar el pago del impuesto sobre la renta esto si bien le dará un dolor de bolsillo a los más pobres, ese dolor de bolsillo le hará cuestionar que hacen con su plata al político demagogo además de obligar a los informales a salir de la informalidad para poder ser representados. Al formalizar a los informales es muy posible que desaparezca paulatinamente el clientelismo al incrementar los llamados a mayor transparencia, sacar a muchos del desempleo al permitir a muchos jóvenes estudiar y estos eventualmente exigirán mejor educación, mejores servicios de salud y mejor transporte y finalmente estos al ingresar felizmente a la clase media deberán paulatinamente exigir la profesionalización y meritocracia en la administración pública.

En fin es posible que al revalorar el sufragio haciéndolo una franquicia exclusiva para quienes les importa e interesa la política puede ser positivo siempre y cuando se busque ampliar esa base de votantes sacándolos de la informalidad y educándolos a contribuir al fisco y mejorar su vida; es allí donde el buenista será de gran ayuda y recibirá toda la ayuda del político honesto. Es paradójico que lo que antes tuvo una connotación  excluyente, tenga que regresar para incluir efectivamente a quienes formalmente están incluidos pero que en la práctica han vendido su voz al mejor postor, con efectos dañinos para si y el resto de la sociedad.

La ciudad egoísta

Publicado el 18 mar 2016 – 03:08h, en el diario La Prensa, Ciudad de Panamáegoista-Carlos-Antonio-Solis-Tejada_LPRIMA20160318_0045_1

En el griego antiguo el adjetivo idiota describía a una persona ignorante, sin habilidad alguna, ordinaria y sin sentido de ciudadanía. Se consideraba que se nacía idiota (o ignorante) y que solo, mediante la educación (o el amor a la sabiduría), uno se convertía en ciudadano. Por lo tanto, un idiota, por su ignorancia –en el sentido más integral de la palabra– era una persona centrada en sí misma, sin participación, preocupación u opinión alguna en los asuntos públicos, y que solo se concentraba en los asuntos propios. Así, el idiota o ignorante era esencialmente egoísta, y en este sentido el egoísmo es signo de ignorancia e incivilidad.

Soy un fiel convencido de que nuestra ciudad, como muchas otras del mundo contemporáneo, ha sido construida por egoístas. Este egoísmo permea todos los estratos económicos, los niveles de instrucción formal e informal y los distintos grados de poder en nuestra sociedad. Si se tiene alguna duda, basta observar la ciudad bidimensionalmente, en un mapa; tridimensionalmente, en su realidad material, con sus escalas a nivel de calles, y hasta tetradimensionalmente, con sus olores y ruidos.

Sobre el mapa, en lugar de una urbe compacta, densa y eficiente, se evidencia una ciudad fragmentada que se expande al infinito, con urbanizaciones privadas de bajísima densidad, contenidas en sí mismas con toda clase de barreras. Verdaderos campos de concentración para uso exclusivo residencial, con poca o nula conexión entre sí, por expresa y egoísta voluntad de sus promotores, diseñadores y residentes, en la búsqueda del paraíso de la “privacidad”.

También se ve este egoísmo en los barrios informales concebidos como repartición de un botín robado a grandes y egoístas latifundistas, lo que convierte a sus nuevos dueños en pequeños y egoístas minifundistas, bajo el beneplácito egoísta de políticos electoreros que, en lugar evitar esos purgatorios urbanos, con políticas de vivienda efectivas y justas, prefieren hacer posible el “sueño”–o pesadilla– de un pedazo de tierra gratuito, con los impuestos de los demás, que pagamos la sobreextensión irracional de los sistemas de infraestructura pública urbana.

En muchas de estas zonas residenciales, el egoísmo de sus residentes no tiene parangón, cuando surge un problema de seguridad prefieren encerrarse tras barrotes, murallas y alarmas, en vez de prevenir y controlar el delito, atendiendo los problemas sociales subyacentes. Cuando surge un problema de movilidad urbana, lo resuelven comprando carros a egoístas empresarios del sector automotriz, a quienes no les conviene un mejor transporte público. Muchos egoístas dueños de autos y de establecimientos comerciales, residenciales y oficinas, ante la falta de estacionamientos solventan su problema particular ocupando las servidumbres, isletas y aceras públicas, en lugar de invertir en edificios de estacionamiento y pequeños circuitos de transporte público. Tanto en urbanizaciones formales e informales, en edificios de vivienda de interés social como en grandes condominios, las áreas comunes son tierra de nadie, pues no se quiere pagar por su mantenimiento y, muchas veces, quedan sujetas a la depredación o apropiación egoísta de algunos residentes, lo que desmejora la calidad del ambiente urbano.

El nivel de egoísmo de los promotores entra en colusión con el de los consumidores en el esfuerzo por exprimir cada metro cuadrado, concibiendo grandes zonas monótonas y con la casi nula dotación de áreas públicas, comerciales o institucionales. Esto hace que, por necesidad, sean tardía y malamente resueltas por los pequeños empresarios emergentes, que violan los códigos de zonificación diseñados para mantener la monotonía de esos engendros urbanos. Esta es una preocupación que no encuentra solución satisfactoria, a menos que se hagan heroicos esfuerzos de planificación, sacrificando parte de las áreas residenciales, con grandes inversiones, para ubicar de manera adecuada las escuelas, centros médicos, templos, estaciones de policía, y áreas comerciales, de trabajo, ocio y esparcimiento, así como edificios de apartamentos. Estas áreas crean comunidades, no ciudades dormitorio, por lo que debieron concebirse antes.

No contentos con el caos creado “haciendo ciudad”, los bancos, promotores, arquitectos, constructores y consumidores unen fuerzas egoístas para sembrar torres, so pretexto de ayudar a densificar; además, de plantar centros comerciales o de oficinas, so pretexto de satisfacer necesidades del mercado, sin ninguna planificación que indicase la manera apropiada de hacerlo, ni estudios de mercado independientes que lo sustenten. En su lugar, aducen que los procesos de planificación y estudio le restan dinamismo y dinero a sus emprendimientos. Como resultado, tenemos torres de oficinas y residenciales semivacías, vendidas a inversionistas, pero con pocos residentes; y centros comerciales que le roban al espacio público, quitando aceras y áreas verdes, en lugar de aportar al paisajismo.

En el camino se pasaron, con aplanadora, la voluntad de quienes ya vivían en esas zonas mal urbanizadas. Si bien algunos de estos residentes se aferran al carácter mal planificado de sus monótonas zonas residenciales, la verdad es que las violentas imposiciones de los “hacedores de ciudad” no han dado cabida al diálogo sesudo que hubiese permitido planificar el espacio urbano, de forma científica y con todos los actores involucrados. La solución no es fácil, todo comienza por dar el salto cualitativo y pasar de “idiotas” a ciudadanos, para entonces estar en condición de reconfigurar nuestra urbe en una ciudad generosa con sus habitantes y sus visitantes.

– See more at: http://impresa.prensa.com/opinion/egoista-Carlos-Antonio-Solis-Tejada_0_4440305976.html#sthash.GHeBUjuJ.dpuf

De este escrito surgió el primer conversatorio sobre La Ciudad Egoísta en la Sociedad Panameña de Ingenieros y Arquitectos el miércoles 23 de marzo de 2016 el cual contó con la participación de miembros de la Red Ciudadana Urbana.

Vean los enlaces siguientes.

Primer Conversatorio. La Ciudad Egoista 23.03.2016

1er Conversatorio sobre la Ciudad Egoista. Parte 2

Urbanismo Panameño. Una oportunidad perdida

Publicado el 18 feb 2016 – 02:02h en el diario La Prensa, Ciudad de Panamá

 

El 15 de febrero de 2016, el alcalde de la ciudad de Panamá, durante una presentación de su plan de acción, ante la Sociedad Panameña de Ingenieros y Arquitectos (SPIA), dijo algo que nos debe preocupar a todos los profesionales del urbanismo. Al ser cuestionado por un colega, miembro de la Junta Municipal de Planificación, sobre las condiciones excluyentes hacia el profesional panameño por parte del pliego de cargos del estudio del Plan Parcial de Ordenamiento Territorial de San Francisco, el alcalde contestó que los profesionales locales no tenemos experiencia en planificación, algo que la directiva actual de la SPIA no supo responder con contundencia.

No es cierto que no exista la experiencia ni la capacidad; los planes y normas desarrollados hasta el momento atestiguan la experiencia local, aun cuando su ejecución deje mucho que desear. Sin embargo, no debemos temer a los errores, porque mediante un buen proceso de aprendizaje de estos se puede ir perfeccionando el ejercicio urbanístico. En este sentido es clave la inclusión de las instituciones académicas en ese proceso de aprendizaje. Además, quien estas líneas escribe, logró reclutar un equipo panameño con la formación necesaria, con la intención de licitar.

La empresa Idom, que por cierto ya está trabajando con el municipio y el Metro de Panamá en proyectos financiados por el Banco Interamericano de Desarrollo, resultó ganadora, a pesar de no cumplir con lo exigido por la Ley 15, de 1959 (al tener una mayoría de profesionales extranjeros) ni reunir los requisitos del pliego que exigían maestrías en diversas especialidades, y aceptar licenciaturas españolas como equivalentes a títulos de maestría, sin ser validadas por la Universidad de Panamá, además de otra serie de irregularidades.

Más pudo el apuro de tenerlo todo listo de cara a las elecciones presidenciales de 2019, que el deseo de dejar un legado permanente al país.

El alcalde habla de empoderarnos en el proceso de planificación, sin embargo, este proceso es excluyente de la participación económica del profesional panameño. No basta con darle a firmas jóvenes proyectos de planificación más pequeños, como los de calle Uruguay y vía Argentina; si queremos construir las capacidades locales, es necesario facilitar la participación de las empresas y profesionales del patio en proyectos más complejos, privilegiando su contratación al diseñar los pliegos de cargos, de manera más flexible y teniendo en mente el desarrollo de las capacidades locales. Por tanto, buscar a expertos foráneos, como desea hacer el municipio, resulta contraproducente.

Si bien los extranjeros pueden contribuir con nuevas y valiosas perspectivas, estos se llevan su know-how global y local fuera del país, además de acarrear gastos al contribuyente en pasajes aéreos, honorarios internacionales, vivienda, gastos legales… a menos que hagan todo a control remoto con nuestros impuestos, sin pagar ellos impuestos locales. Los consultores internacionales nos podrían asistir fortaleciendo las capacidades faltantes del municipio y panameñizando así su conocimiento, para lograr la autosuficiencia local, algo que está en el espíritu de la Ley 15 de 1959.

Creo que está de más recordarle a la ciudadanía que la mayoría de los profesionales urbanistas en Panamá, incluyendo este servidor, tienen formación y hasta experiencia, tanto en Europa como en Estados Unidos, lo que ha servido de base para crear el equipo de la Dirección de Planificación Urbana del Municipio de Panamá, y es la base de expertos con la que cuentan las empresas establecidas en este país. Sin embargo, el municipio decidió perder una oportunidad para hacer avanzar el desarrollo del urbanismo local.

Por ello, para evitar esta clase de despropósitos y avanzar al desarrollo de las ciencias urbanas y de la planificación, es necesario crear esta carrera especializada e integrar a todos los profesionales de distintas disciplinas, especialistas en el tema (no solo a arquitectos e ingenieros) y protegerlos, mediante una ley de carrera, y un gremio que la regule, fortalezca y defienda. Esto es necesario para cimentar la descentralización con el recurso humano para el desarrollo de los planes locales, distritales y regionales, y su actualización; además de fortalecer la capacidad institucional de los municipios con la mayor disponibilidad de planificadores experimentados. Algo que, paulatinamente, tendrá su influencia en el sector inmobiliario. El Municipio de Panamá tiene la clave para comenzar este proceso.

– See more at: http://impresa.prensa.com/opinion/oportunidad-Carlos-Antonio-Solis-Tejada_0_4418558153.html#sthash.gTYYWeEc.dpufoportunidad-Carlos-Antonio-Solis-Tejada_LPRIMA20160218_0037_24

Hacer buen urbanismo es rentable para todos

Publicado el 02 ene 2016 – 00:46h en el diario La Prensa, Ciudad de Panamá

Según las estadísticas oficiales, en 2015 la economía panameña perdió fuerza porque uno de sus motores, la industria de la construcción, mermó. No obstante, según el análisis alternativo de miembros de la Red Ciudadana Urbana, esta leve desaceleración es un ajuste ante la manera insostenible y anárquica con que se dio el boom inmobiliario. Para ellos, el estado de anarquía era tal que el cortoplacismo, la avaricia, la politiquería, el juega vivo y, ¿por qué no?, la vanidad de los últimos gobiernos, pudo más que el desarrollo urbano planificado y ordenado que hubiera rendido más y mejores frutos. Como urbanista, para mí este es un punto de vista que vale la pena considerar objetivamente.

De este caos han surgido ciudadanos conscientes que han tenido que enfrentar la anarquía reinante y dar a entender a la actual administración nacional y municipal que deberían intervenir. Es importante entender que, contrario a lo que dicen los medios y los poderes económicos, estos ciudadanos creen en el desarrollo económico pensado, ordenado y sostenible, y no están en contra del sector inmobiliario. Solo exigen que se cumplan las leyes y su espíritu, que se respete a la gente y se prefieran siempre las mejores prácticas urbanísticas, arquitectónicas y constructivas. Algo en que todos podemos estar de acuerdo. En pocas palabras, para estos ciudadanos si el sector inmobiliario y la industria de la construcción hubieran hecho las cosas bien desde el principio, estaríamos ahora mismo gozando no solo de crecimiento económico, sino de un alto nivel de desarrollo humano.

Si bien es cierto que un Estado excesivamente burocrático puede convertirse en ineficiente y corrupto, es necesario que el sector inmobiliario y de la construcción reconozca que no se pueden pasar por alto los derechos de las personas –cuya única defensa es la ley y las normas urbanísticas– so pretexto de la ineficiencia estatal y un falso desarrollismo. Es necesario que todos los panameños comprendamos que las leyes y normas urbanísticas y ambientales, con sus detalles técnicos, existen para garantizar un ambiente armonioso y de confort, además de la seguridad de todos, tanto en el presente como en el futuro, y no están para estorbar la libertad de empresa y el pleno goce y disfrute de la propiedad privada, ni violentar la seguridad jurídica de las inversiones, ni impedir, porque sí, el desarrollo inmobiliario.

Es un principio democrático básico que la libertad de empresa y la propiedad privada deben siempre responder y supeditarse al bien común y a la seguridad jurídica ciudadana, y bajo ninguna circunstancia puede someterse dicho bien común exclusivamente al beneficio económico de algunos grupos de poder financiero. Pues de nada vale tener crecimiento económico si no se traduce en mejor calidad de vida para todos.

Me parece entonces importante que en 2016 el sector inmobiliario reactive la economía haciendo las cosas bien, invitando a los pocos que dañan la imagen del sector a que dejen atrás los atajos y el “juegavivismo”. Sentémonos juntos en pie de igualdad y planifiquemos con ganas el futuro de nuestras urbes y así, mancomunadamente, podamos decidir y honrar nuevas reglas del juego que alineen a ciudadanos, empresas y gobierno con el fin de ofrecerle al país una mejor calidad de vida. Hagamos un frente común para que el Estado sea más eficiente en la aplicación de las normas, premiando y estimulando al que hace las cosas bien y castigando con firmeza a las personas naturales y jurídicas que violenten las normas. Este es el futuro que nos conviene a todos. Hagamos que 2016 sea realmente feliz, construyendo, juntos, la ciudad que queremos.

– See more at: http://impresa.prensa.com/opinion/Hacer-Carlos-Antonio-Solis-Tejada_0_4383311660.html#sthash.lcy03G2I.dpuf

Para preservar la memoria de la ciudad: Carlos Antonio Solís Tejada – La Prensa 21 de febrero de 2015

Muchos capitalinos sueñan con tener su propio espacio en medio de la ciudad y vivir a una distancia caminable de donde estudian, trabajan o se entretienen, con áreas públicas y vegetación bien diseñadas. Para algunos este espacio es una casa, para otros es un moderno apartamento, para mí sería un apartamento “viejo” en Bella Vista o La Exposición.

La elección de reutilizar una vivienda no solo debería considerarse respetuosa del medio ambiente, sino del patrimonio histórico arquitectónico y urbanístico de la ciudad de Panamá. Opción que debe estimular el Estado y acoger la empresa privada, como una oportunidad de negocio social y ambientalmente responsable.

Sin embargo, en la actualidad comprar “una casa usada” como las de Bella Vista, representa ser castigado con intereses bancarios a precio de mercado, porque la Ley 3 de 1985 y su modificación de 2012 le niega el interés preferencial a quien desee reutilizar un inmueble. Además, se debe pagar un impuesto de bienes inmuebles que no se le exige a los propietarios de una edificación nueva en el mismo sector, gracias al interés preferencial. Esto dificulta aún más la reutilización de esas casas.

Se trata pues de un sistema perverso que privilegia los nuevos y caros proyectos residenciales, que en realidad no funcionan como viviendas sino como plazos fijos en concreto, acero y vidrio, al alcance de poca gente adinerada (de Panamá o el extranjero) que compra esas propiedades para dejarlas vacantes y especular con su valor. Si muchas no cumplen con su función social, al no cobijar a nadie que las necesite por ser exorbitantemente caras, ¿por qué seguir financiándolas con nuestros impuestos? ¿Por qué no utilizar ese dinero para salvar el patrimonio arquitectónico, urbanístico y ambiental de la ciudad y ayudar a los capitalinos, de ingresos medios y bajos, a regresar al centro de la ciudad? La industria inmobiliaria puede ser parte del cambio, si actúa con responsabilidad social empresarial, y considera los aspectos ambientales, urbanísticos, éticos, estéticos y patrimoniales de sus inversiones.

El Estado podría extender los beneficios del interés preferencial a las inmobiliarias e individuos que adquieran y pongan en valor las casas con más de 40 años, además de dar estímulos fiscales a quienes certifiquen el interés patrimonial de un inmueble, por su historia y sus características arquitectónicas, como es el caso de las viviendas de Santa Ana, Calidonia/La Exposición, San Francisco y Bella Vista. También se les podría dar descuentos fiscales escalonados, ligados al grado de respeto y conservación patrimonial que demuestren al intervenir y poner en valor un inmueble viejo, por ejemplo, exonerándoles del pago del ITBMS en materiales de construcción para estas obras. Además, le podrían entregar el bono que destina el Mivi para viviendas de interés social a aquellos que deseen habitar un inmueble de 40 años o más.

Por último, mediante ley, el Estado pudiera darle un estímulo financiero a las promotoras de los proyectos de renovación, puesta en valor o reconversión. Además, darle utilidad social a las viviendas vacantes, al intervenir en el mercado para estimular u obligar el alquiler de todo inmueble que esté sin ocupar más de cinco meses, ya sea que su dueño la arrende al mejor postor, también mediante su venta o su expropiación, en caso de estar vacantes por más de un año. Esto daría mayor dinamismo y realismo al sector de alquiler privado en el centro de la ciudad

Con medidas pequeñas como estas, la empresa privada, el Estado y los ciudadanos podrían ayudar a prevenir la innecesaria expansión urbana, la invasión de terrenos, el desorden urbanístico y ayudar a densificar mejor la ciudad, respetando el medio ambiente, el patrimonio y el derecho a la ciudad de las personas. La conservación, reutilización y mantenimiento de residencias y edificios “viejos” es clave para ello.

¿Y usted qué piensa?

Original publicado en la sección de Opinión del diario La Prensa del 21 de febrero de 2015

I am Carlos… and I try to live by the Golden Rule.

I am not Charlie Hebdo… nor I´m Cherif nor Said Kouachi. I am Carlos and as much as I might regret the senseless deaths of the 12 innocent victims of terrorism, I regret as well the death of their perpetrators. As much as this might sound preposterous, I think every life is precious and nobody has the right to take it away. Also, the death of the Kouachi brothers was a missed opportunity for justice as their trial might have set an example to aspiring kamikaze/terrorists.

However, the main reason I am not Charlie Hebdo, nor the Kouachi brothers is that I live (or at least try to live) by the Golden Rule: Do to others, as you would have them do to you. It is that simple.

I can´t be either of them simply because I respect others regardless of their faith, politics or ideology as much as I would like them to do the same for me. I can´t be them either because I think my liberty is limited by other´s liberty and don´t hold my own form of liberty as supreme.

I don´t agree that being Charlie Hebdo is about defending our Freedom of Speech, because I think there is responsibility  to freedom and one freedom cannot trump over another freedom.  Freedom of Speech ought to be, limited by respect for the human person, by love for the other and for oneself.  I am not endorsing the Kouachi brothers either, because as much as I respect other people´s faith, God will never ask from us to defend him nor his messengers from silly cartoons. He is almighty He can perfectly do that for himself, right? Nor He will ask us to kill others in His name because since He is Love He has forbidden this in the first place (You shall not kill).

If both the magazine martyrs and the Kouachi brothers had lived by the Golden Rule, these senseless deaths would have never happened, because love and respect for the other would have ruled supreme over extreme interpretations of Freedom of Speech and Religious and Political Freedoms. Not mocking for mockery sake is not tantamount to self-censorship; it is both prudent and charitable. Does this mean that I think the 12 murdered cartoonists and journalists had it coming? Of course not! Making others pay with blood an offense done with ink is not only extremely unfair but also barbarous  and criminal and ought not to be tolerated.

However, saying you are like them is not only false, but also unhelpful as it overlooks the possible origins of this extreme and barbarous reaction: the constant expression of a bigoted view against religious/ethnic groups and the abuse of those things they hold most dear which adds to the social inequality they live every day, not only by a certain magazine but by mass media and society in general.  Isn´t this why some countries have forbidden hate speech or banned anything that might affect/offend minorities? Or…is it the case some minorities are more equal than others? Isn´t this kind of bullying environment that has radicalised some marginalised youth?

I would suggest thinking about this before saying you are someone who you might not be really like.

What do you think?

¿Voto por decencia?

Después de ver los resultados de estas elecciones muchos se han apresurado en decir que se ha roto el mito que los votos no se compran ni que una alta membresía garantiza una victoria, Antes de concluir que el pueblo panameño votó por la decencia y que el voto no se compra, permítanme dirigir sus miradas a la Asamblea Nacional (2014-2019).

Si vemos la composición de la Asamblea Nacional esta tiene una mayoría CD-PRD. Si consideramos que CD copio tal cual el modelo lamentablemente clientelista del PRD, podemos decir por tanto hay dos bloques clientelistas en la asamblea, esto es asumiendo de forma simplista que el panameñismo si bien juega al mismo juego no tenía a disposición el mismo caudal de recursos para repartir por tanto su voto fue menos clientelista. Por tanto esta es la asamblea mas clientelista electa recientemente. 

Como el viejo modelo de la era militar era una cadena donde en la base el Representante buscaba votos para el Diputado y el diputado para el Presidente y en 2014 los candidatos a la presidencia de los partidos mas clientelistas de 2014 no salieron electos. Esto quiere decir que para 2014 ni el CD ni el PRD tenían candidatos  a diputado y representantes completamente alineados con sus partidos, el CD por tener diputados con poca historia en el partido y que velan solo por sus intereses y el PRD porque evidentemente no ha sanado sus heridas internas del 2009 y por tanto los diputados y representantes que originalmente no eran navarristas se mantuvieron siendo anti-navarristas, por tanto no tuvieron incentivo alguno en gastar sus recursos promoviendo la figura de Juan Carlos Navarro. También hay que considerar que al cambiar las reglas del juego al eliminar el voto en plancha cada candidato a diputado veló prioritariamente por sus propios votos.  Ciertamente habrá un bloque de electores que habrá votado a conciencia pero para mí esta es la minoría.

En conclusión yo diría que en un 70% lo anteriormente expuesto explica la derrota de Juan Carlos Navarro. El otro 30% se explica por la imagen de un PRD demasiado ligado al régimen militar y sus figuras. Si el PRD desea ser potable en el futuro debe dejar dormir en paz al General Omar Torrijos y pasar a jubilación a toda la plana con vínculo alguno con el régimen militar. Si es posible deben hasta cambiar la bandera tricolor del 11 de octubre.

También fue un grave error pasear a viejas figuras del PRD que trajeron malos recuerdos a la población en especial a Ernesto Pérez Balladares, Balbina Herrera (por más que se haya reinventado muchos no olvidan su pasado dictatorial y lo sucedido con JCN). En mi opinión, el PRD debe reinventar su marca debe convertirse en un partido joven con una visión social ya sea inspirada en el humanismo cristiano o la social democracia.  

Si algo refleja la elección de los panameñistas, un partido liderado mayoritariamente por miembros de la más rancia elite social panameña y las mismas figuras de Navarro y Arias es que el panameño de a pie tiene cierta tendencia en mirar a esa elite para su liderazgo nacional más no para el liderazgo local como refleja la asamblea y los consejos municipales. Esto puede deberse a cierta aspiración o ver en esa clase algo “mejor” al que aspirar. Por tanto los cuadros que aspiren a la dirigencia nacional dentro del PRD y CD deben educarse mejor y pulirse de tal modo que pueda igualar o superar en imagen a la elite tradicional. Todo un reto para líderes que vengan “del subsuelo”. Venir de abajo no debe ser una excusa para la chabacanería, se puede ser pobre pero educado y refinado. 

En fin esto es lo que viene a mi mente…¿y usted que piensa?

Por Carlos Antonio Solis-Tejada

Panamá y su Diplomacia Kamikaze (La Estrella de Panamá, 14.03.2014)

Por Carlos Antonio Solís-Tejada

Como latinoamericano y ciudadano del mundo no tengo duda que la razón y la moral acompañan a Panamá al querer ayudar al pueblo venezolano de forma concreta ante la violación diaria que sufren de sus derechos y su dignidad como seres humanos. Sin embargo, tras el último chasco que se ha llevado Panamá ante la Organización de Estados Americanos (OEA) en días recientes, no puedo esconder mi preocupación por el rumbo un tanto suicida que ha tomado la diplomacia panameña durante la presente administración.

A mi parecer esta es la primera vez en el presente quinquenio en que Panamá, se pone del lado de la justicia a pesar de los desastrosos resultados de sus diligencias: 29 votos a favor 3 en contra de la benevolente e insípida resolución emitida por la OEA a favor de Venezuela y el rechazo a convocar una reunión de cancilleres o de enviar una misión mediadora.

¿Qué salió mal? Tal y como ha reportado el diario español, El País (08.03.14), obviamente la iniciativa panameña fue víctima de la aplanadora del ALBA + Caricom a lo que yo añadiría la UNASUR y la vergonzosa complicidad del resto de países latinoamericanos que no quieren ser, como Panamá víctimas gratuitas de la ira del Palacio de Miraflores.  ¿Bajo qué ilusión pensó nuestro canciller que en la OEA Venezuela no iba cuadrar a sus aliados dependientes de la generosidad dispensada por la diplomacia petrolera del chavismo o que no dudaría en torcer el brazo a los demás países que no quieren problemas con ellos? ¿Por qué no tomó en consideración las ambiciones brasileñas de liderazgo regional (Brasil prefirió convocar una reunión de cancilleres de UNASUR)? Hay que ser demasiado naif para pensar que otros países irían de frente contra el gobierno chavista o en detrimento de sus intereses particulares.

Por otro lado y sin demeritar la altura moral de la actuación de nuestro país, hay cierta verdad en decir que Panamá ha estado tomando activamente el lado de los EE.UU. y sus aliados, lo cual explica mas no justifica lo proferido por Maduro contra el Presidente Martinelli si se toma en cuenta  por ejemplo cuando Panama votó en coordinación con los EE.UU en contra de la admisión de la Autoridad Palestina como estado observador no miembro de la ONU ignorando el sentir de los cristianos, musulmanes y judíos que constituyen el pueblo Palestino que claman por el fin del régimen de apartheid sionista que cercena sus derechos humanos. Esto nos trae a la pregunta de si en el caso venezolano nuestro gobierno en realidad estaba haciéndole el “mandado” a los Estados Unidos o en verdad estaba actuando con sinceridad.

¿Acaso existirá algún sentido de la estrategia dentro de la diplomacia panameña? Por ejemplo, me pregunto porque antes de convocar la reunión de la OEA, el embajador Vallarino y el canciller Álvarez de Soto no se aseguraron de tener los apoyos necesarios para aprobar la iniciativa panameña. ¿O es que Panamá practica la diplomacia Kamikaze?  A juzgar por otros errores diplomáticos como el caso del apoyo de Martinelli a Japón en su disputa con China por las islas Diayou/Senkaku o el llamar al Estado de Israel “guardián” de Jerusalén y de los lugares santos el suicidio diplomático por emotividad parece ser la doctrina de este gobierno. Espero estar equivocado. Sin embargo a pesar de todo, hay que apoyar a nuestro gobierno pues Panamá tuvo la valentía de decir y hacer los que lo otros no se atrevieron por cobardía o mezquindad para ayudar a nuestros hermanos venezolanos. Ojalá Dios escriba sobre estas líneas torcidas y haga brillar su justicia en Venezuela.

¿Y usted qué piensa?

Panameñizar la ampliación: Carlos Antonio Solís Tejada

Panameñizar la ampliación: Carlos Antonio Solís Tejada

After the troubles created by European companies Sacyr and Impregilo it is high time for Panama to nationalise the project and complete it (hopefully) on time!

Mind the gap: What if Venezuelan ex-pats do go back home?

imagesHugo Chavez is dead and for many reasons, whether you are a “Chavista” or not, the importance of this event is not a minor issue. Although the real possibilities of a dismissal of Chavismo are a matter of debate it would be interesting to understand the impact of a change of regime would have in other countries.  More interesting in my view would be if Chavismo proves to be rather than a personality cult, a deeply rooted political culture and system that could either take years of transition to change into something different like in post Franco Spain (or post-communist Eastern Europe) or perhaps it could evolve and further develop into something more like post Mao China.

The outcome of events going on in Venezuela might be a matter of concern to its neighbours ….greater than they might imagine.  Very few seem to be making themselves the million dollar question…Could real estate markets plummet in Miami or in Panama City if middle class Venezuelans moved back home or stopped leaving Venezuela?

Of course such a question is highly speculative and for some even a non-question as the probabilities of a such a massive return (or a stop to the exodus) could be considered rather slim…but what if?  This is not a small question specially for places like Panama where the impact of Venezuelan immigrants has been greater than what their numbers might indicate  (24,000 in a country of 3 million inhabitants) and perhaps than in any other country. This community is unique in being composed mostly of people of professional or business backgrounds with high levels of educational attainment which contributes greatly to social and economic development wherever they settle.

The economic input of Venezuelans either settling or just securing their money in Panamanian banks or business ventures is such that they constitute the third source of Foreign Direct Investments in the country. It could also be safe to say that Panama’s real estate boom quickly recovered its pace after the shock of the financial crisis slowed down the influx of North American and European baby-boomers partially thanks to the influx of Venezuelan home buyers and investors some even buying entire new developments.

It would also be interesting to know the impact of a return of the 70,000 Venezuelans living in Miami where their presence can be felt in the city, a slight reminiscence to the impact Cuban immigrants had in Miami after the Castro’s hijacked the Cuban Revolution. This is more so considering their contribution to an economy affected by the US Financial Crisis.

But there is no reason to worry, a recent survey showed that more than 95% of Venezuelans resident in the Miami surveyed said they had no intention to return even with a change of regime. After all, many have uprooted themselves from Venezuela and rebuilt their lives in the US, perhaps the same could be assumed of those who moved to Panama or elsewhere. Many migrants were young couples whose children have grown up to be like any local kid in their host country. Many have established prosperous businesses and careers therefore the human drama of starting all over again is just too great to bear especially when there is nothing waiting for them in the short term. But the question will always remain…what if? I would greatly appreciate your opinions bash me, trash me if you want but please leave your comments below

Carlos Solis-Tejada, holds an MSc in Urbanisation & Development from the London School of Economics and Political Science and is currently based in London.