Transformación digital y la flexibilización en la era Post-Coronavirus
por Carlos Solis-Tejada
Por Carlos Antonio Solís Tejada
La crisis del coronavirus puede afectar gravemente a ese 40% de Población Económicamente Activa que labora en la Informalidad ya que viven del día a día por la naturaleza misma de dicha condición laboral o de negocios. Es por ello que se hace necesario aprovechar la coyuntura para que continúe la discusión del Proyecto de Ley 83 que crea las Sociedades de Emprendimiento de Responsabilidad Limitada (SERL), la cual ha estado estancada desde octubre de 2019.
Dicho proyecto de ley contempla una simplificación de trámites burocráticos con apoyo de las tecnologías digitales para el registro de las pequeñas y medianas empresas. La formalización de ese 40% informal constituyéndose en socios únicos o en sociedad de pequeñas empresas, les permitiría abrir cuentas bancarias y crear ahorros además de poder beneficiarse del uso de aplicaciones de pago móviles como Yappy o Nequi (o alguna versión unificada de todas ellas como ocurrió con el sistema Clave) que evite el uso de efectivo en transacciones por montos pequeños aumentando así la seguridad de las transacciones comerciales y reduciendo el riesgo de contagio de cualquier virus.
Con el apoyo dela Inteligencia Artificial, los bancos estatales podrían tener un rol clave en dicho proceso de formalización convirtiéndose en entes que lleven de forma automatizada la contabilidad de dichas empresas ante la DGI, la CSS y los municipios de manera que se puedan ahorrar todo el proceso y trabajo del pago de obligaciones además de deducir los pagos de los servicios públicos (agua, luz, aseo).
Dichos bancos podrían incluso ser los primeros en ofrecerles crédito a estos nuevos clientes en la forma de tarjetas de crédito, préstamos personales o préstamos hipotecarios lo cual redundaría en la acumulación de capital en dichas familias y el acceso a bienes y servicios de mayor calidad, por ejemplo la salud y educación privadas, además de la adquisición de vivienda de calidad y por lo menos un automóvil. Si se piensa bien, destapar dicho potencial sería revolucionario y una ayuda muy necesaria para impulsar la economía nacional después de pasada la emergencia sanitaria.
También, si llegara a consolidarse el Teletrabajo en la cultura empresarial panameña, muchos empresarios comenzarán a percatarse primero de que no necesitan tener ciertos empleados presentes en la oficina para luego percatarse de que no tienen que estar estos necesariamente dentro de sus planillas, pasando estas posiciones a ser subcontratadas a contratistas independientes (FreeLancer) que necesitarán de un régimen de SERL para operar de manera sosteniblemente sin perjuicio alguno. Esto será una evolución en su modo de trabajo pues no necesariamente tienen que desempeñarse profesionalmente para un solo cliente sino que pueden hacerlo para múltiples clientes. De hecho incluso ya existen secretarias virtuales que tienen a varias firmas como clientes tomando llamadas, organizando agendas y citas además de hacer encargos y compras.
No es lo mismo ser un tele-trabajador que un freelancer ya que el primero está sujeto a horas de trabajo y cuotas de producción y el segundo trabaja por encargo y fechas de entrega, siendo el primero más regimentado que el segundo.
Si bien algunos podrían ver esto como trabajo precario al no contar con estabilidad laboral y con derechos adquiridos, quizás una manera de evitar esto es que los bancos mediante una contabilidad automatizada con Inteligencia Artificial acuerde con los micro y pequeños empresarios establecer salarios para los mismos con sus correspondientes deducciones de manera que no se pierdan los ahorros para vacaciones, XIII mes, jubilaciones, salud, seguro educativo, etc. y estos sean remitidos automáticamente a las cuentas de las instituciones correspondientes en el Banco Nacional. Este modo de trabajar podría incluso extenderse a las grandes empresas reduciendo así su carga burocrática aumentando así la recaudación fiscal.
La cuarentena impuesta y el teletrabajo también pueden estar redundando en beneficio de las familias, en especial las de clase media y de ingresos bajos ya que el tiempo de cuarentena pueden estar significando una mayor atención a las necesidades de las parejas y de sus hijos, tiempo que antes se perdía en tranques y diligencias presenciales. Tomando todo lo anteriormente mencionado en consideración, los beneficios y cambios podrían ser tan grandes que podrían destapar toda una revolución social silenciosa que ayudaría a consolidar a las familias panameñas y la clase media emergente (compuesta de taxistas, peluqueras, buhoneros, verduleros, mecánicos) y con el potencial de ahorro y consumo que puedan tener en conjunto con una nueva clase empresarial surgida de la clase media trabajadora. Esto podría generar cambios políticos importantes en un futuro no muy lejano.
