El futuro está en la nueva clase media emergente
por Carlos Solis-Tejada
Por Carlos Solís-Tejada
Comenzó un nuevo año escolar para la mayoría de los niños y jóvenes en Panamá, un nuevo año en el que se les seguirá vendiendo una ilusión a muchos padres y a sus hijos de una educación integral que les ayudará a (supuestamente) superarse en la vida. Como profesor universitario cada año veo con tristeza como sigue desmejorando el sistema educativo. Ya no importa si se estudió en un colegio público o privado, con renombre o sin él, los resultados parecen ser similares: jóvenes con poca capacidad de análisis, semianalfabetos (con una menguante capacidad para escribir correctamente), con escasa o nula curiosidad y con poca vergüenza para plagiar y propensión a reclamar derechos que no les corresponden.
Obviamente siempre habrá ese 5% o 10% que te devuelve la fe en el futuro ¿Pero y el 95% o 90% restante? Cuando pienso en el resto me doy cuenta de que en realidad un segmento importante de esos muchachos nunca tuvo la dicha de poder tener una educación acorde a sus capacidades cognitivas que les condujera por el camino más apropiado para alcanzar el éxito según su potencial como técnico, profesional, gerente o empresario.
El sistema actual pretende preparar futuros profesionales universitarios siguiendo un paradigma que quizás fue verdadero hace un tiempo atrás pero que hoy en día va perdiendo vigencia. El país dejó de producir suficientes técnicos y artesanos porque se supone no serían necesarios en una economía de servicios globalizada como la nuestra y porque, por alguna extraña razón, todos deberían tener derecho a la educación superior, cuando no todos nacen para ser universitarios.
Esta ha sido un error que están pagando caro nuestros jóvenes que no encuentran o no retienen un trabajo porque sencillamente no llenan los requisitos, no pasan las pruebas o no cuentan con las habilidades blandas que les haga llevar vidas plenas y productivas. Se les engañó o se autoengañaron cada año académico forzando su pase a pesar de todas sus deficiencias y nadie estuvo allí mediando para que se cambiaran a la escuela, bachillerato o carrera que mejor encajara con sus circunstancias. Nadie estuvo allí para hablarles con franqueza a ellos y ni a sus padres (si es que estuvieron presentes), terminando algunos pocos en las aulas universitarias y otros tantos en la calle ya sea delinquiendo o buscando como subsistir como microempresarios informales.
Yo, al contrario de muchos políticos pienso que lo más básico de la reforma educativa y la reactivación económica comienza en los hogares, con padres de familia presentes. Padres que se comprometan a vivir vidas coherentemente buenas y dignas de imitar por sus hijos. Familias exigentes y con autoridad para sacar lo mejor de su prole. Para ello se hace necesario promover todo aquello que permita que existan familias con papás y mamás presentes, con suficiente estabilidad material y espiritual para que lleven adelante a sus familias y que sus hijos se beneficien de esa complementariedad masculina y femenina al haber escogido sus padres el Matrimonio como camino.
Para ello sería necesario lograr mayor flexibilidad laboral para que los padres puedan atender a sus hijos mejor, periodos más largos de maternidad por lactancia y de paternidad para apoyar a las madres en los primeros meses de vida de los infantes. También sería necesario reducir los tiempos de desplazamiento hacia los puestos de trabajo con una planificación urbana y regional que tenga a la movilidad urbana eficiente como prioridad.
Muchos políticos venden las becas por méritos, los subsidios condicionados y escuelas de última generación como la panacea. Yo en cambio sospecho que debemos ir a lo más básico siendo más realistas y no condenando a todos los muchachos a tratar de aprender lo mismo a la misma velocidad, eso sencillamente no va a ocurrir. ¿Por qué no mejor ampliar la educación dual para la mayoría de los estudiantes con una vocación más práctica y reenfocar el bachillerato y la universidad solo en aquellos jóvenes con vocación más teórica/académica?
Es por ello por lo que tengo mucha fe en el potencial del Instituto Técnico Superior Especializado para revolucionar la educación en Panamá, pero dentro de un sistema que incluya a los Institutos Profesionales y Técnicos (IPT), para la formación básica, y al Instituto Nacional de Formación Profesional y Capacitación para el Desarrollo Humano (INADEH) para la formación continua.
También se hace necesario tomar nota de la existencia en Panamá de una incipiente clase media baja no-profesional de técnicos y microempresarios informales (buhoneros, chicheros, taxistas, buseros, peones, albañiles, etc.,) que se observa está poblando las nuevas urbanizaciones formales de las periferias urbanas del país y constituyen el 40% de la fuerza laboral. Si bien se necesitan estudios más profundos del fenómeno, se puede decir en principio que se trata de una clase que ha salido de la pobreza de manera precaria en los últimos 20 años (cuando el índice de pobreza general medida por ingresos rondaba el 42% bajando a un 20%) y que precisa ser apoyada.
Es posible sospechar que su existencia ha sido posible gracias a las políticas de subsidios antes mencionadas introducidas por los últimos tres gobiernos para lograr aumentar la capacidad de consumo de los pobres. Esto junto con el aumento del salario mínimo registrado en el gobierno anterior posiblemente les abrió el acceso al crédito bancario y por ende al mercado inmobiliario, el cual también les brinda otros subsidios al consumo como el Bono Solidario y el Interés Preferencial. Dicho segmento socioeconómico también se beneficia de la exención del pago del Impuesto sobre la Renta y el de Inmuebles por 20 años que beneficia a otros grupos sociales.
Pero el mayor mérito y virtud de esta nueva clase ha sido el de emprender, prosperar (adquiriendo propiedades y abriendo cuentas bancarias) a pesar de posiblemente no contar con una educación completa, posiblemente haber comenzado a ser padres de familia jóvenes y superando los prejuicios existentes sobre su forma de vida. Al preguntársele a vendedores inmobiliarios dedicados a este segmento del mercado y a los mismos miembros de esta nueva clase qué factor les ha ayudado a lograr este hito muchos señalan el rol esencial de las mujeres en esta historia como administradoras de la economía de sus hogares controlando los ingresos de sus parejas (cuando las tienen presentes) y la buena disposición de estos en obedecer.
Se trata pues de una clase social que se sostiene sobre bases muy precarias. Tomando todo esto en consideración, si queremos reforzar este fenómeno se hace necesario entre otras cosas:
- Guiar de manera sistemática a esta clase social hacia la formalización: formalización de las familias, aumentando el número de matrimonios y reduciendo las precarias uniones libres, además de formación para la vida matrimonial y familiar.
- Guiar a la población adulta joven con escasa escolaridad y viviendo precariamente del trabajo informal a recibir entrenamiento en oficios en alta demanda o hacia el microemprendurismo formal; además de formación en el manejo de su patrimonio con educación financiera.
- Guiar de manera sistemática al resto de microempresarios informales para abrir cuentas bancarias en conjunto con sus parejas de manera tal que puedan tener un mayor control de sus ingresos y egresos y puedan ir acumulando capital mediante el ahorro.
- Brindar a sus hijos un sistema educativo acorde a sus necesidades y potencial en carreras técnicas que hagan falta con buenos ingresos. Esto podría desahogar potencialmente nuestras universidades al visibilizarse una senda alternativa hacia el progreso económico y social.
Creo que no hace falta decir que el futuro del sector inmobiliario y de la construcción en la próxima década se sostiene en este grupo poblacional, de hecho existen ya empresas enfocando sus esfuerzos en esta dirección con proyectos interesantes, algunos de estos incluso ayudando a estas personas a aprender a convivir como vecinos y a mantener su propiedad y las áreas comunes limpias y ordenadas. Se trata de todo un segmento del mercado ávido de mejorar sus condiciones de vida precarias saliendo de los asentamientos informales y el hacinamiento de los guetos citadinos. Se necesita por tanto que la mayoría de empresas inmobiliarias, bancos y aseguradoras compitan por este mercado con mejores condiciones de acceso y que el gobierno facilite la formalización mediante procesos que faciliten de forma expedita el pago de impuestos y del seguro social, entre otras medidas que consolide su permanencia como grupo social además de reducir ese 20% de pobreza a números menores.
Es por ello por lo que en estas y futuras elecciones será importante que escojamos a candidatos que le den suprema importancia a la familia, la educación especializada y la educación financiera para que dejemos de vender vanas ilusiones a los hijos de la nueva clase media emergente y los encaminemos a un mejor futuro de acuerdo con sus intereses y habilidades sobre la base de la estabilidad emocional y material. De esa manera ellos o sus hijos lograrán dar el salto hacia la clase media profesional o de medianos empresarios dejando así la dependencia de los subsidios que les permitieron un mayor nivel de consumo.
El autor es arquitecto y docente universitario
