Las familias: Últimos reductos de resistencia Anti-Neocolonial en América Latina.

por Carlos Solis-Tejada

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En el último quinquenio se han redoblado los esfuerzos neo-coloniales,  que buscan imponer el experimento de re-ingeniería social más grande de la historia occidental por la  vía judicial y legislativa en América Latina, sin medir las consecuencias a largo plazo del supuesto progreso social que se desea lograr. Antes de llegar a este punto, primero conquistaron las universidades, luego los medios de comunicación y finalmente los partidos políticos, ONG´s y Think Tanks, para luego condicionar el mundo occidental… ¿Todo el mundo occidental? ¡No! ¡Unos bárbaros retrógradas” irreductibles osó, y aun osa resistirles!

Dicho experimento consiste en la  suplantación sutil pero consistente por parte de los medios de comunicación social de nuestros tradicionales valores judeocristianos, a cambio de un coctel de nuevos valores “buenistas” basados en medias-verdades, sentimentalismos, sin-sentidos y el  hedonismo-individualismo más extremo. El buenismo (y no necesariamente la perspectiva o teoría de género, esa es otra historia) es una nueva ideología amorfa y en constante mutación que busca imponerse desde una supuesta superioridad moral. No busca elevar la condición humana sino más bien llevarla a la esquizofrenia colectiva, suplantando toda noción objetiva del bien y el mal, de lo bello y lo feo, de los supremo y lo banal, de lo mejor y lo peor, de lo real y lo irreal, de lo avanzado y lo primitivo para no ofender a nadie, en nombre de la tolerancia y el respeto…eso sí, solo para quienes comulguen con el nuevo orden de cosas, pero no para quienes no desean vivir en su nuevo realismo mágico

El buenismo acusa a quienes lo resistimos de predicar el odio y la intolerancia como táctica; una táctica de matoneo psicológico y a veces físico que busca acallar la disidencia.  Y curiosamente en América Latina tiene por misioneros/evangelizadores a activistas de “derechos humanos” y políticos “progre” siempre dispuestos, cuales cipayos neo-coloniales. Muchos de ellos suenan como personas resentidas con la tradición judeocristiana y algunos de ellos paradójicamente son críticos de todo lo proveniente de los EE.UU y Europa, excepto esto. El buenismo no tiene escrúpulos y se sirve utilitariamente de quienes se sienten marginados…y si no existen se los inventa, dividiendo a las sociedades y agrupándolas en nuevos colectivos oprimidos/ofendidos.

Para  facilitar la reingeniería social (destruir el patriarcado, la oligarquía, el Opus-Dei y demás enemigos imaginarios), el buenismo busca subvertir el último reducto de resistencia a nivel global a su cóctel ideológico, el ideal de matrimonio y familia judeocristiana, por su carácter conservador y naturalista. Para ello se hace necesario desacreditar su mayor promotor: el cristianismo. Para lograrlo se sirve del resentimiento y la envidia, de los simplismos y generalizaciones más grotescas, además del reforzamiento constante y acrítico de sus propios prejuicios anticlericales  sirviéndose de los malos ejemplos de contados pastores, religiosos y laicos (por su puesto mirando para otro lado los malos ejemplos de sus propios aliados de manera poco objetiva y científica) y repitiendo como papagayos los mismos mitos históricos surgidos durante la Ilustración y refutados por la historiografía moderna como método de autoconfirmación/autoafirmación/ racionalización de su pataletas intelectuales.

Con la nueva moralidad del buenista convertida en nuevo dogma de fe, el cristianismo y el tradicionalismo pasan a ser ideologías que predican el “odio”, y el “temor” y sus expresiones deben  ser suprimidas mediante sanción social y penal  bajo la categoría de “crímenes de odio” o “-fobias” una nueva categoría penal que busca castigar con cárcel, multas o la pérdida de oportunidades de trabajo/negocio no solo a quienes osen hacer uso de su libertad de expresión, de su libertad de conciencia, de su libertad religiosa además de quienes osen acogerse a su patria potestad  para escoger educar a su prole fuera de los nuevos paradigmas morales del buenísimo o de simplemente expresar públicamente su disconformidad ideológica con la nueva moralidad sino a quienes los defiendan.

Es por ello que la defensa del concepto judeocristiano de matrimonio y familia no es solo una causa que busca defender el ideal de familia nuclear (mamá, papá e hijos) sino todas las otras libertades individuales amenazadas. Pero antes del matoneo estatal, primero debe establecerse el matoneo social. Curiosamente, las nuevas “viejas de iglesia, puritanas y fariseas” son los articulistas, comentaristas, activistas y políticos buenistas/progres y los “niños terribles”, los nuevos rebeldes contemporáneos a quienes buscan censurar, son los que defienden los valores tradicionales y los “nuevos niños buenos” son quienes postean en los nuevos medios sociales su adhesión al nuevo dogma. El tradicionalismo es la nueva rebelión.

Ciertamente en Panamá no hemos llegado ni al 30% del ideal de familia nuclear, curiosamente los que hoy denuncian el libertinaje poli amoroso de algunos padres o madres ausentes además de las familias desintegradas y la pedofilia por un lado como mal endémico de la familia panameña que la deslegitima como ideal, por otro lado sean los mismos que glorificaran el destape moral que refuerza el fenómeno por ser opuesto a la moral cristiana. Llama además la atención que hablen de múltiples modelos de familia cuando en realidad cuando se le pregunta a cualquier jovencita o jovencito panameño, no importa su tendencia ideológica, sobre sus planes amorosos futuros, la mayoría no mencione establecerse en alguno de esos modelos de familia “alternativa” más bien muchos dirán querer casarse con alguien del sexo opuesto y tener hijos propios, o sea su ideal es una familia nuclear.

Dudo que aquellos que fueron criados por madres solas, padres solos o sus abuelos o tíos recomienden a otros lo mismo o quieran para sus hijos lo mismo. Dudo que los divorciados o abandonados recomienden su tipo de familia a los demás. Seguramente,  ni siquiera  la mayoría de los portavoces de estas “familias alternativas” viven en una de estas, más  bien tienen familias nucleares, un caso extraño de buenismo “champaña”.  Tampoco las personas con tendencias homosexuales están en masa corriendo en ninguna parte del mundo a las notarías a casarse, dando a entender que el matrimonio gay fue solo una causa de moda, cuyas consecuencias las tienen que soportar los demás, en especial quienes no le vieron la gracia el redefinir una institución social y la promoción y masificación de un estilo de vida que no es fecundo, ni sano.

En fin si quieres ir contracorriente y promover un mundo mejor en orden, paz, justicia, razón y sentido común únete a la causa tradicionalista, pero sobre todo, si tienes la vocación y la preparación, cásate y ten hijos, o si no, se fiel a tu vida célibe y definitivamente les causarás un dolor de cabeza a quienes quieren imponer la nueva moralidad. Por esto y muchas cosas más, la familia es el último reducto de resistencia anti-neo-colonial. La rebelión continua…