La subversión de la Ciudad Leseferiana – Carlos Antonio Solís Tejada
por Carlos Solis-Tejada
Desde hace unas décadas se ha hecho palpable el repliegue del Estado y el domino absoluto del sector privado en la toma de decisiones en materia urbanística a medida que evolucionaba y cambiaba el modelo económico del país al punto de encontrar en el presente, una verdadera ciudad “leseferiana”. Esta forma de hacer ciudad refleja claramente el espíritu de los tiempos actuales dominado por el poderoso conglomerado económico inmobiliario y caracterizado por el presente caos urbano.
Esta ciudad leseferiana se ha ido revelando físicamente primero con el desarrollo de las urbanizaciones de clase media de San Miguelito (Villa Lucre, Cerro Viento, San Antonio y Brisas del Golf entre otros), los barrios de clase media baja de Juan Díaz (Ciudad Radial, Urbanización Don Bosco, Las Acacias, Costa del Este, Santa María, Metropark, Costa Sur y Versalles), los barrios nuevos en Condado del Rey y Altos de Panamá y por supuesto con los nuevos desarrollos en altura en el centro de la ciudad. Las urbanizaciones y rascacielos antes mencionados a diferencia de aquellos desarrollados en la primera mitad del siglo XX se caracterizan por su carácter exclusivamente residencial, descontextualizado, desconectado y desprovisto de cualquier equipamiento social, cultural o comercial de importancia para las comunidades, lo cual se ha convertido en norma del mercado, salvo la rara excepción de Costa del Este.
Desde la década de 1970, el estado progresivamente y conscientemente ha “dejado hacer” al mercado a medida que se consolidaba el prominente rol del conglomerado económico constituido por los sectores financiero, de la construcción y de servicios inmobiliarios al que llamaremos simplemente el conglomerado inmobiliario. Dicho conglomerado económico logró su perfeccionamiento en el periodo comprendido entre la creación del Centro Bancario Internacional en la década de 1970 y el ingreso de Panamá a la Organización Mundial del Comercio en la década de 1990 cuando Panamá junto con el resto de América Latina abandona progresivamente su política de sustitución de importaciones permitiendo así el paulatino desmantelamiento del incipiente sector industrial panameño abrazando el libre comercio y el dogma neoliberal lo cual paulatinamente obligó, por así decirlo, a los antiguos industriales y a muchos de sus empleados a unirse a dicho conglomerado económico.
Este conglomerado inmobiliario luego encontró su expresión política en los diferentes gobiernos del periodo democrático y a partir de 2004 se convierte en el principal dinamizador e impulsor del crecimiento económico y del bajo desempleo que ha experimentado el país desde 2004 hasta el presente al reinvertir en construcciones nuevas los flujos de capital que ingresan al país y empleando una mano de obra cada vez menos calificada. Esto explica porque el Estado debilita, de iure o de facto, cualquier restricción legal existente en materia urbanística que se oponga a la explotación agresiva del suelo urbano mediante la especulación.
Además, esto explica el por qué, para frustración de la ciudadanía, los políticos “dejan hacer” al encontrarse con el dilema de decidir entre mantener el crecimiento económico y el bajo desempleo o instaurar el orden y la planificación, a riesgo de frenar la economía y aumentar los problemas sociales, con su consecuente costo político, secuestrando de hecho al estado con poca opción de escape. Adicionalmente el Estado ha decidido no utilizar, al límite de lo posible, su prerrogativa constitucional de dominio eminente o el hacer valer el sentido social de la propiedad privada no solo por razones económicas sino porque el Estado tácitamente ha decidido ignorar el bienestar social cuyos efectos se ven a largo a favor del bienestar económico cuyos efectos se ven a corto plazo.
El repliegue fáctico del estado y el dominio del interés privado también ha permeado en el ciudadano común adoptando posiciones cada vez más individualistas y oportunistas provocando un deterioro moral evidente a nivel urbano en las constantes violaciones a las normas perpetradas a nivel micro por cada propietario en detrimento y sin consideración por su prójimo por ejemplo con la preferencia y defensa por el aislamiento de los barrios y la resistencia de sus residentes a cualquier intento por interconectarlos y hacerlos más permeables en defensa de la privacidad y tranquilidad suburbanas. Otro reflejo de dicho individualismo se ve expresado por la aspiración por parte de los sectores económicos emergentes en adquirir una residencia unifamiliar con amplio patio y dos automóviles como símbolos de estatus social y de éxito profesional/personal, lo cual si bien puede parecer legítimo pero que a la larga afecta a la ciudad por su efecto agregado demandando entonces un cambio de paradigma aspiracional.
Una transición hacia a un régimen de ley y orden con planificación supondría por lo antes explicado una gran cuota de sacrificio por parte de todos los panameños además de suponer un cambio de régimen con una nuevo sector económico dominante representando una actividad económica totalmente distinta como la industria marítima y logística. Se necesitará entonces de una nueva clase emergente de medianos empresarios, de nuevos burgueses con nuevas ideas que podrían subvertir el statu quo político y ayudar a la transición hacia una ciudad más ordenada y desarrollada y retomar el crecimiento económico a partir de principio más sólidos y trascendentes.
En mi opinión, la clave para el surgimiento de un nuevo sector dominante se encuentra curiosamente debajo de los pies de cada hogar panameño en especial en las zonas suburbanas y en los barrios informales. Siguiendo un poco el argumento del peruano Hernando de Soto, es probable la propiedad sobre la tierra en manos de los pobres y la clase media pueda desencadenar una nueva revolución urbana. Con la asistencia de profesionales e inversionistas afines, esta revolución podrá desencadenarse si de alguna manera milagrosa el oportunismo del capitalino le hace ver las ventajas de convertir sus títulos de tierra en acciones en empresas dedicadas a la reurbanización y revalorización de sus barrios con usos más beneficiosos como zonas de uso mixto mejor planificadas e interconectadas vialmente con mayor accesos al transporte público interno y externo y aprovechando mejor el espacio urbano existente para beneficio de esta generación y las futuras.
Esto puede crear una nueva clase emergente de medianos empresarios, de nuevos burgueses con nuevas ideas que podrían subvertir el status quo y ayudar a la transición hacia una ciudad más ordenada y desarrollada. Una nueva clase burguesa más progresista hija de la unión de intereses y beneficiaria de barrios mejor planificados querrá extender su cosmovisión al ámbito político. Ojalá un grupo de vecinos especialmente en áreas residenciales en San Miguelito, Juan Díaz y Panama Este vea el potencial de esta unión y desencadenen una pequeña revolución urbana en el siglo XXI.

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Execente análisis lo que nos resta ahora es encontrar las posibles socluciones al problema que vive nuestra ciudad, posibles soluciones donde no sólo intervengan las autoridades sino también la sociedad Civil a través de la participación ciudadana que muy bien esta reglamentada a través de leyes y decretos.
Será un reto interesante para el Plan Estratégico Distrital del Municipio de Panamá. Ojalá los consultores ganadores sean lo suficientemente creativos y valientes (pero realistas) en sus propuestas.