Fosilizar o no fosilizar, he ahi la pregunta…
por Carlos Solis-Tejada
Sorprende leer y escuchar el tono de alarma, sorpresa y de dolor de quienes se están rasgando las vestiduras por los cambios tan vertiginosos por las cuales atraviesa la ciudad en tan corto tiempo y por otro los argumentos de quienes defienden la tesis de que el actual boom inmobiliario y de la construcción no es una burbuja sino un signo de crecimiento robusto de la economía justificando ciertas cosas como parte de una transición hacia una supuesta adolescencia de nuestra ciudad.
Da la impresión que entre ciertos grupos de conciudadanos existiera la noción de que Ciudad de Panamá es una ciudad del Siglo XX y que lo que esta pasando es un fenómeno nuevo y desconocido.
Nada mas lejos de la realidad, Ciudad de Panamá es una ciudad con casi cinco siglos de existencia, es más antigua que Nueva York, Los Ángeles o Buenos Aires y a pesar de su tamaño, con la misma vocación cosmopolita y urbana como cualquiera de estas grandes urbes, nunca nació para ser un villorrio rural
Las ciudades, como entes vivos, nacen, crecen, mutan, se renuevan y hasta en algunos casos pueden reproducirse (en ciudades satélites), Ciudad de Panamá no es la excepción. Con casi 500 años de existencia, es natural que haya atravesado por distintas fases a lo largo de su historia, después de todo la vitalidad de las ciudades es reflejo de la vitalidad de sus habitantes. Ignorar este hecho es casi un pecado intelectual. Prueba de ello es el llamado Casco Antiguo y su arrabal Santa Ana, la mayor parte de lo que conocemos del Casco Antiguo no es la misma ciudad que se mudó a las faldas del Cerro Ancón en el S. XVIII. A lo largo de su historia lo que hasta ese entonces era la Ciudad de Panamá, había sufrido varios grandes incendios lo cual dio lugar a nuevas edificaciones con estilos distintos a los originales. Y por sí alguno no lo sabia la avidez por la especulación inmobiliaria no es nada nuevo, es mas es casi una tradición familiar en la clase alta de la ciudad, estudiando la historia de la Ciudad, uno se percata del hecho de que nuestros oligarcas y burgueses de antaño eran expertos en estos menesteres y como los de hoy día no escatimaron en tramoyas y triquiñuelas a expensas del erario publico, el espacio público y de los inquilinos y llegaron a tal desfachatez que ni a la Iglesia respetaron, vivezas con la cuales se fundaron las grandes fortunas de mas de una familia “honorable” de nuestra Ciudad y que sin lugar a dudas orgullosamente siguen practicando hoy día sus descendientes y los nuevos ricos. Lo que ocurre hoy día con Bella Vista y la Exposición es quizás una reedición de lo sucedido con el Casco Antiguo y es reflejo de la vitalidad de la ciudad. El Casco Antiguo hasta bien entrado el Siglo XX, no dejó de cambiar, testimonio de ellos son edificaciones del Siglo XX, como el conjunto del Teatro Nacional y el Ministerio de Gobierno y Justicia (donde antes quedaba un convento de mayor antigüedad) o el Palacio Municipal de estilo neoclásico (el cual requirió cometer el crimen de demoler el edificio histórico colonial), el primer Citibank de la ciudad y el viejo Palacio Arzobispal. El afán modernizador en Casco Antiguo llego a tal absurdo que iglesias como el de la Merced o la misma Catedral no se salvaron de esta manía. Para cuando se comenzó a reconocer a San Felipe como Patrimonio Histórico, lo que tenia de colonial fue muy poco y para entonces ya la elite de la ciudad se había mudado a sectores como Bella Vista, La Exposición o San Francisco, el efecto de dicho reconocimiento fue mas bien la fosilización de lo que hasta ese entonces fue San Felipe. El ciclo vuelve y se repite en Bella Vista y la Exposición, si uno mira una foto de la Calle 50 en los años 1950 apreciara un barrio repleto de mansiones con tejados españoles, no existía ninguno de los edificios que hoy día conforman el Centro Bancario. Fijándose en la fecha de construcción de los primeros edificios altos y modernos de Bella Vista y la Exposición uno vuelve a entrar en cuenta que el proceso de cambio de estos barrios (destrucción o reinvención dependiendo de cómo se vea) no comenzó con el “boom” inmobiliario es un proceso que lleva mas de 50 años en proceso. Una vez mas como en San Felipe, las familias adineradas con total despego al legado histórico-material del cual han sido herederos, venden sus terrenos y edificios al mejor postor, por lo cual no sorprende las recientes declaraciones de una de las viejas inquilinas de la Casa Linares, que en pocas palabras da a entender que si el gobierno (y de paso a nadie) le interesaba comprar la casa para preservarlo como monumento histórico no es culpa de ellos el haberlo vendido a los promotores del rascacielos que se va construir en su lugar. Como en San Felipe, casi los únicos que parecen verdaderamente preocupados por preservar lo que queda de estos barrios por su valor arquitectónico e histórico, salvo honrosas excepciones, son gente que nunca vivió ni vivirá allí. El único efecto de una ley que convierta estos barrios en patrimonio histórico será el de fosilizarlos, dejando pendiente de resolución el problema de la reutilización de las edificaciones abandonadas.
El llamado crecimiento robusto de la ciudad esta bajo sospecha, mas que robusto es mas bien frágil, se ha basado en la imagen de una ciudad feliz, con la taza de crimen entre las mas bajas de América Latina, con calles relativamente limpias, buen servicio medico, buen sistema vial, cercanía a playas y montañas y estabilidad política, económica y social. Todo esto corre peligro si el patrón de acaparamiento inmobiliario y sus secuelas de marginación de la población local, colapso de los sistemas vial y de alcantarillado, y eliminación del espacio publico sigue su ritmo imparable y lo que se creyó ser robusto colapsará como una torre de naipes ante el resentimiento social que se irá acumulando, producto de la frustración de una población marginada y desatendida y finalmente de inquilinos e inversores que se irán con su dinero hacia otro lugar mejor donde invertirlo y donde pasar mas tranquilos sin tranques, protestas, servicios deficientes, burocracia y mal servicio y la posibilidad del ascenso al poder de un loco con ínfulas mesianicas como Hugo Chávez. Al final lo que quedará serán muchos edificios vacíos listos para ser invadidos o arrendados en inquilinatos como ocurrió en San Felipe.
Mientras tanto la elite seguirá el patrón ya tradicional, nuevamente venderán o abandonaran y se mudaran mas al este, en fin la vida seguirá su curso, la Bella Vista del Siglo XXI se llama Costa del Este.
