2021 – ¿Año de la Integración Hispanoamericana?
Por Carlos Antonio Solís Tejada
A cuatro años de celebrar el bicentenario de nuestra secesión del Imperio Español en 1821, vale la pena reflexionar un poco sobre los hechos que inesperadamente sumó al istmo al desmembramiento de la Hispanidad hace casi 200 años y las consecuencias que dicho hecho ha tenido a partir de ese tumultuoso siglo XIX. Una reflexión necesaria de cara la vulnerabilidad que padecemos por dicha desunión ante potencias hegemónicas como como los EE.UU. y potencias emergentes como China.
Como recordarán, la invasión napoleónica a la Península Ibérica en 1808 trajo confusión e inestabilidad política en el Imperio Español, fue así como muchos ayuntamientos tanto en la España peninsular como en la España de ultramar deciden formar juntas autónomas que pretendían primero defender la legitimidad del rey Fernando VII, ante la usurpación francesa. Sin embargo, algunas juntas en América dominadas por sus elites criollas locales deciden radicalizarse formando movimientos independentistas bajo la influencia y apoyo de los británicos interesados en pagarle con la misma moneda el apoyo español a la independencia de las trece colonias británicas norteamericanas que luego formarían los EE. UU. y explotar los beneficios de comerciar con élites económicas más parroquianas y con menor acceso a los recursos y capital del resto de los dominios hispánicos para hacerle frente a sus industrias. Lejos de ser una guerra de españoles contra hispanoamericanos, fue una guerra fratricida de español contra español, una guerra civil protagonizada por monarquistas contra revolucionarios, cuyos miembros podían haber nacido tanto en América como en la península.
Sin embargo, contrario a lo que escuchamos en las escuelas, el Istmo de Panamá no se independiza por algún sentimiento patriótico reprimido, más bien por un cambio de circunstancias que llamó a buscar una solución rápida y práctica. Verán, por un periodo de trece años, entre 1808 a 1821, desde el comienzo hasta casi el final de las guerras de independencia, el Istmo se mantuvo como territorio sólida y convenientemente monarquista repeliendo invasiones independentistas a la Ciudad de Portobelo (y el incendio de Taboga), aportando dinero y tropas istmeñas a la causa del Rey y siendo base de operaciones de las tropas monarquistas que combatieron a los rebeldes en Sudamérica (dirigidas algunas por panameños como José de Fábrega y José Remón ) y habiendo recién electo a Blas Arosemena (tío de Justo Arosemena) como diputado por Panamá ante las cortes (parlamento) en Madrid. El giro repentino que se dio en noviembre de 1821 solo se explica cuando se entiende el contexto en el que ocurre. Para noviembre de 1821 las dirigencias realistas inesperadamente se voltean en el Virreinato de Nueva España (México) y la Capitanía General de Guatemala (Centro América) – reaccionando a los cambios políticos en España- y son derrotados en los Virreinatos y Capitanías sudamericanas sin esperanzas de contar con refuerzos desde Cuba, Puerto Rico o España después del alzamiento del General de Riego en la península.
Ante el escenario real de una invasión desde Cartagena después de la declaración de independencia de Los Santos y otros pueblos interioranos, y ante la indefensión de Portobelo y Ciudad de Panamá después de la partida del Gobernador Murgeón, con el grueso de las tropas que defendían el istmo partiendo a combatir a los colombianos y chilenos que invadieron y derrotaron al bastión realista del Perú, fue que la élite capitalina, representada por su cabildo, debió creer conveniente mejor prevenir que lamentar cambiándose al bando independentista, evitándose así sobre ellos la venganza del “Libertador” Simón Bolívar y sus tropas. Fue así como sin planificación previa, el istmo, se reintegra, muy a pesar suyo a la Nueva Granada (Colombia), ahora convertida en una república bananera que como el resto de repúblicas bananeras latinoamericanas no tenía rumbo claro y cuyas élites después de fragmentar mezquinamente la unidad del continente, pasaran a matarse arrastrando al resto en constantes guerras civiles y golpes de estado que en ocasiones fragmentaban la nueva república en mini-repúblicas. Para rematar a diferencia de cuando se era parte del Virreinato del Perú donde la comunicación marítima con Callao y Lima era más expedita, comunicarse con Bogotá a pesar de parecer más cercana estaba limitada por selvas y montañas, lo cual dificultaba la administración del istmo, y más tarde abonaría en la mente de muchos istmeños, también por razones prácticas, a la justificación de la separación de Panamá de Colombia en 1903.
Mantenerse unidos al Imperio Español no era factible sencillamente porque las guerras de independencia y los consiguientes alzamientos en España sacaron a relucir las grandes debilidades del gobierno imperial español. El imperio sencillamente estaba pegado con saliva, lo único que mantenía unidos a todos los hispanos desde las Filipinas hasta la Península Ibérica era su lealtad y su identificación como españoles, sin importar el origen étnico, ni la posición socioeconómica, ni el lugar de nacimiento. Una vez destruida dicha identificación y lealtad, el descalabro era inevitable porque no es fácil retener un territorio tan extenso sin contar con la ventaja tecnológica y estratégica, además de las alianzas internas y lealtades que le facilitaron la conquista e hispanización de América a la Corona de Castilla. Tanta era su debilidad que aun cuando los dominicanos se volvieran a reincorporar al imperio tiempo después de librarse de los haitianos, España no pudo retener Santo Domingo ante las resurgentes fuerzas separatistas dominicanas. Imagínense las posibilidades reales del gobierno imperial en Panamá ente las tropas colombianas, mexicanas o chilenas, o una revuelta interna. No había vuelta atrás.
Para rematar la Guerra de 1898 con los EE.UU. volvería a reiterar la debilidad institucional y militar de España que siguió empeorando después de 1821, perdiendo Cuba, Puerto Rico, Guam, las Marianas y Filipinas y reteniendo solo sus pequeñas posesiones africanas en Canarias, Río Muni y Fernando Poo. España no volvería a florecer sino hasta después de desangrarse en la Guerra Civil de 1936-1939 y someterse a una dictadura que sentó las bases para la estabilidad y consiguiente prosperidad y desarrollo de dicho país además de asentar las bases materiales sobre la que gestó, sin querer, la maduración democrática del pueblo español. Una democracia aun frágil ante el cáncer separatista que se fue gestando desde el siglo XIX en la península y hace metástasis ahora con la democracia.
Cualquier sueño reunificador de la hispanidad pareciera mera quimera si se considera no solo la fragilidad de España, sino el hecho de la consolidación de las nuevas identidades nacionales en la América Hispana. Dichas identidades fueron forjándose después de padecer, post-independencia, de cruentas luchas armadas entre estados hispanoamericanos, guerras civiles e invasiones británicas y estadounidenses que desangraron y destruyeron las economías de los países de la región. A eso se suma, el caudillismo nacionalista y la posterior consolidación y fortalecimiento de los estados nacionales de fines del siglo XIX y principios del XX, desembocando en la imperfecta democratización de finales del siglo XX y el desarrollo económico que ha generado una creciente clase media en el siglo XXI que está demandando crecientemente el fin del clientelismo político, el fin de la corrupción política y esperemos que eventualmente exija el mejoramiento de la educación y la elevación de su nivel cultural.
Sin embargo, el posicionamiento de China como potencia global (gracias a un aparato político y propagandístico muy efectivo y la ambición expansionista de sus empresas, más que por su fortaleza militar), y el surgimiento de nuevas pretensiones de hegemonía o influencia regionales como la de Brasil, India, Rusia, Irán, Sudáfrica y Arabia Saudita ante el creciente aislacionismo estadounidense y una Unión Europea en crisis, quizás demande una respuesta mucho más unificada y coordinada entre los países hispanoamericanos con Panamá como centro. Dicha coordinación hoy día es mucho más fácil que en el siglo XIX o XX gracias a los avances tecnológicos y de infraestructura logística y de transporte que han servido a la consolidación y fortalecimiento de sus estados, faltaría entonces extender dichos avances a las comunicaciones trans-fronterizas mediante autopistas, túneles y en especial ferrocarriles y una mayor disponibilidad de vuelos regionales baratos además de la eliminación de las fronteras para las comunicaciones telefónicas.
Esto debería ir aunado a menores restricciones a la libre circulación de personas y mercancías en la región lo cual se facilita por compartir una lengua y herencia cultural común, con expresiones religiosas (católicas y evangélicas) y antirreligiosas (ateas y agnósticas) muy similares, que posibilita una rápida asimilación de los emigrantes de la región. Un mayor movimiento humano a nivel regional podría inevitablemente crear nexos familiares y sentimentales mucho más densos tal y como ocurrió dentro de nuestros países durante el siglo XIX y XX. Las diásporas venezolanas, colombianas, peruanas, dominicanas, nicaragüenses, ecuatorianas, argentinas, guatemaltecas, puertorriqueñas, cubanas y salvadoreñas en los EE.UU y en el resto de América Latina han ciertamente forzado a los demás países hispanos a comenzar a conocerse y reconocerse.
Estados Unidos sin quererlo, se está convirtiendo en el hogar de un nuevo grupo hispanoamericano tan grande o más que el de países como Colombia o Venezuela. Además, ciudades como Miami o Los Ángeles están sirviendo como medios en donde se están reencontrando las diferentes identidades latinoamericanas partiendo de aquello que comparten en común, su cultura hispánica (además de demostrar que la tendencia al caos no es una patología genética o cultural). Su creciente poder económico y mediático está creando una nueva identidad fusionada o “neutra” que se está transmitiendo por sus medios televisivos, la música y el entretenimiento y compite fuertemente por la hegemonía con México, Colombia, Cuba y Argentina como generadores de cultura popular y entretenimiento en la región. Súmese a esto el carácter transnacional de algunos conglomerados empresariales hispanoamericanos como el Grupo Carso (Claro, etc.), Polar, Cemex, Bacardí, Bimbo, Grupo Poma, Copa, Taca, Bavaria etc. además de las empresas españolas como Telefónica, FCC, Sacyr, Repsol, Iberdrola etc., y podrá notarse la creciente confluencia de intereses entre las élites económicas y el capital del mundo hispano (las cuales previamente tendían a rivalizar y protegerse una de la otra) gracias al cambio de actitud que trajo consigo la globalización y el neoliberalismo.
Panamá como centro financiero regional y como nodo logístico de transporte multi-modal puede bien sacar partido de su situación y posicionarse como una especie de Bruselas para América Latina, como sede neutra de cualquier entidad regional que reúna a las élites políticas, económicas, culturales y académicas del mundo hispano de la que emane las directrices que guiarán las políticas económicas, sociales y diplomáticas de la región. Quizás para ello deba buscar la manera de lograr una conexión terrestre directa con Colombia que complete la vía Interamericana y de paso a una red ferroviaria que conecte el continente entero además de incentivar más vuelos regionales de bajo coste. Como se puede observar, la integración económica y popular está en estado embrionario y solo requiere de una verdadera voluntad de integración política para alumbrar, tras una dolorosa gestación y parto, una Unión Hispánica.
Bajo una Unión Hispánica será posible defender nuestros intereses y posicionarnos ante un posible escenario global multipolar, en especial ante las presiones económicas de la República Popular China, la Unión Europea y los EE. UU. ¿Podrá la diplomacia panameña liderar de dicho proceso si se fortalece su capacidad y se le empodera? ¿Tendrá la élite política y económica del país la visión para llevar este proceso adelante cabildeando en toda la región, en España y ante la comunidad hispana de los EE.UU.? Dios quiera y sea así…


Desde hace unas semanas atrás, la Junta de Planificación Municipal del Distrito de Panamá, la Junta Comunal de San Francisco así como la Parroquia de Nuestra Señora de Guadalupe en Calle 50, han estado anunciando una Consulta Pública para el domingo 7 de mayo de 2015 a las 1:30 PM en el templo parroquial a causa del nuevo proyecto de ampliación del mismo. Para dicha ampliación se solicita un cambio de uso de suelo individual para el lote trasero propiedad de la parroquia, cambiando su uso residencial de baja densidad (R) a uno institucional urbano (SIU) tal como el que tiene la finca sobre la que se asienta el templo. Con dicho cambio se busca unificar las fincas bajo un mismo uso de suelo y de esta manera, facilitar el desarrollo del proyecto, ya que los códigos actuales que rigen ambos terrenos no permiten diseñar un proyecto coherente en dos fincas distintas con dos códigos de uso de suelo distintos. Una vez sorteado este obstáculo, el anteproyecto y posteriormente, los planos de construcción podrían ingresarse, obtener los permisos de movimiento de tierra y de construcción y por fin llevar a feliz término el nuevo santuario mariano…o eso pensaban sus promotores.
ista católico