La Ciudad Espléndida

Observaciones urbanas para una sociedad más humana

Es hora de hablar de Alianzas Independientes

Se acerca enero de 2019 y con este mes, el cierre del periodo de recolección de firmas para los precandidatos por la libre postulación y el inicio del proceso que determinará cuáles serán las candidaturas que superen el mínimo requerido (18,542) y además cuenten con el mayor número de firmas para ocupar oficialmente uno de los tan cotizados tres espacios al que tienen derecho en las papeletas.  Pero, aun así podemos hacer algunas aproximaciones en base a los datos publicados por el Tribunal Electoral, el 7 de diciembre de 2018. Si nos fiamos del Tribunal, 7 de los 17 precandidatos presidenciales independientes cumplen con el mínimo de 18,542 firmas requeridas por el Código Electoral para poder ser considerados para optar por las candidaturas. Siendo 7, estos se han visto en la obligación de competir por uno de los tres espacios designados por el Código para aquellos con la mayor cantidad de firmas. Dicho esto, si hoy fuera la fecha de corte, los tres candidatos serían Ana Matilde Gómez, Dimitri Flores y Marco Ameglio dejando por fuera figuras tan sonadas y respaldadas como Ricardo Lombana, Miguel Antonio Bernal, Francisco Carreira y Gerardo Barroso.  ¿Se conformarán los últimos cuatro clasificados con quedar fuera de la jugada? ¿Podrán los primeros tres prescindir de los últimos cuatro?

A juzgar de la actitud de Lombana y Bernal, pareciera que saldrán lamentando su exclusión de la carrera, sin embargo yo apelaría al buen juicio y sentido de patria de los dos y apostaría a que tanto ellos como Carreira negociarán posibles alianzas, la pregunta es bajo qué criterios.

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Un primer criterio que podríamos deducir es la capacidad y la efectividad demostradas en la recolección de firmas, especialmente en los últimos meses cruciales, pudiendo identificarse fácilmente en orden de agresividad a Paco Carreira y a Marco Ameglio  seguidos por Ana Matilde Gómez y Ricardo Lombana. Sin embargo hay que matizar que dicha agresividad se debe al poco tiempo que llevan en la carrera por lo  cual probablemente tuvieron que comprar dicho tiempo faltante con organización y dinero, el cual será definitivamente  el segundo criterio bajo el cual se negociarán las posibles alianzas.

Solo contando el dinero gastado efectivamente en firmas válidas  a $2.00 por firma, podemos deducir que por orden de magnitud tanto Paco Carreira como Marco Ameglio han estado probablemente gastando la mayor cantidad de dinero para lograr y subsidiar la organización y logística necesarias para alcanzar sus metas.  Siendo así, no debe sorprender que para el fin del mes de diciembre ambos precandidatos hayan turbo cargado sus campañas lo suficiente como para disputarles tanto a Dimitri Flores como a Ricardo Lombana  la segunda y tercera posición.

Pero esto sería ignorar los ingentes esfuerzos que ha hecho el equipo de Lombana y sería interesante ver que tantas más firmas puedan conseguir pues sería un duelo entre el dinero de los empresarios Ameglio y Carreira vs la presencia mediática y el carisma de Lombana.  En este punto de la carrera Dimitri Flores es mantequilla, considerando que probablemente ya esté sobregirado de los $100,000 que tuvo que haber ahorrado nuestro “exitoso” precandidato a sus 40 años y tocará ver si su capital de firmas acumulada previsoriamente podrá resistir el poder de la chequera de uno de los antiguos dueños de Bonlac y quedar posiblemente relegado a un tercer lugar, más aun considerando que el grueso de sus gastos los hizo antes de agosto de 2018. Si la tendencia observada continúa, enero comenzará probablemente con Gómez a la cabeza, Ameglio de segundo y Flores de tercero seguidos de Carreira en cuarto y Lombana en quinto lugar, con lo cual la suerte estaría echada y la voz cantante la tendrán Gómez y Ameglio  quienes deberían negociar con los perdedores: aparentemente competitivas y bien apoyadas estructuras de Carreira, Lombana y Bernal.  Esto es, si sus egos les permiten una visión de largo plazo, en especial a Lombana y Bernal que pierden el tiempo en los medios peleando el #NoSoloTres, una reforma al código electoral que no va ocurrir.

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Suponiendo que la razón supera sus egos y se sentarán a pactar alianzas ellos se encontrarán rápidamente con que el dinero y la efectividad organizacional no son nada a la hora de unir equipos y aquí entrará en juego el tercer criterio que podrá hacer o deshacer alianzas y campañas y son las similitudes y diferencias sociológicas e ideológicas entre candidatos además de la legitimidad reconocida entre los candidatos con sus equipos de campaña.  Y aquí entramos en lo puramente subjetivo ya que a falta de encuestas o entrevistas que midan estos tres parámetros, tocará aventurarse un poco a adivinar afinidades en base al “dime con quién andas y te diré quién eres”  las posiciones manifestadas por los candidatos en diversos temas y los ataques entre candidatos.

Siendo Panamá un país relativamente conservador, por lo menos de la boca para afuera, es de esperar que los candidatos, por más “liberales” o “progres” que sean ellos o sus equipos de campaña , estos vean en la necesidad de diluir sus posiciones de cara al electorado, en especial en cuanto a sus tópicos favoritos como la inmigración libre, el aborto, la educación sexual, el laicismo, la despenalización de las drogas o el matrimonio gay al punto de mantenerlo en un quinto plano y enfocarse en los temas más populares como la anticorrupción, la desigualdad, el desempleo, la desaceleración económica , la mala educación y salud o el estado de las infraestructuras públicas.  Sin embargo, estos saldrán rápidamente a flote a la hora de sentarse a conversar y construir equipos.

En este sentido, es perceptible una mayor afinidad entre Ana Matilde Gómez  Ricardo Lombana en cuanto a los temas relacionados a derechos humanos. Sin embargo es importante matizar que es conocido que Ana Matilde Gómez es una católica practicante y quizás en este sentido no comparta toda la agenda de nuevos derechos humanos que podría apoyar Lombana.  Otro factor que les une es el hecho de ser percibidos como los dos pre-candidatos no partidistas más potables a pesar  de que ambos tuvieron algunos nexos con el gobierno de Martín Torrijos.

También en cuanto a los mismos temas pero en sentido contrario es perceptible una mayor afinidad ente Marco Ameglio y Paco Carreira.  Ambos son abiertamente conservadores en materia social y abiertamente antiinmigración. Si bien lo mismo podría decirse de Dimitri Flores, sus coqueteos con Cambio Democrático además de su estilo de campaña abiertamente clientelista lo hace mucho más afín a un Gerardo Barroso o hasta de José Domingo Arias que con Ameglio o Carreira.

El cuarto factor que podría afectar posibles negociaciones, es la distribución de los cargos políticos pero en este punto volvemos a los primeros dos factores que podrían determinar dicha distribución de poder más allá de la competencia en el cargo, las estructuras y el dinero aportados y por su puesto cuantos votos estos contribuirán. Muchos de ustedes ya estarán pensando que esto suena a lo mismo que los partidos políticos, lastimosamente es así.

La política electoral en un sistema democrático con elecciones libres y con sufragio universal en cualquier parte del mundo al final se traduce en un sinfín de negociaciones y transacciones que posibilitan los recursos humanos, mediáticos y financieros que permiten el éxito o no de una campaña política, trayendo los votos a las urnas y que estos sean efectivos y no meramente los méritos o posiciones del candidato, no importa si se es partidista o independiente. Pretender  lo contrario demuestra ingenuidad y un purismo extremo que se traduce en una desconexión con la realidad.

¡Soy pre-candidato a diputado!

Ha pasado más de unCarlos Solís Diputado año desde mi última publicación urbanística y en este periodo  me he dedicado más a emitir opiniones, ya sea en este blog en y/o desde mis cuentas personales de Facebook y Twitter (a veces más allá de lo recomendable), sobre diversos temas especialmente aquellos relacionados con la defensa de la vida y la familia, la lucha contra la corrupción política y sus causas socio-económicas, la educación y por supuesto uno que otro tema de actualidad en materia urbanística en la ciudad de Panamá, por ejemplo: las inundaciones que han padecido diversos sectores de la ciudad o los procesos de planificación que están llevando la Alcaldía de Panamá. Sin lugar a duda, la política me entretiene y disfruto de la polémica y el debate sobre temas controvertidos y eso se refleja claramente en mi presencia on-line.

Pero, la vida ha seguido y seguirá su curso y sin lugar a duda los últimos 10 años han sido de constante crecimiento: en octubre cumplo un año de ser papá y 4 años de participar de la Red Ciudadana Urbana de Panamá (además de 37 años de vida), en diciembre cumplo 8 años de haberme graduado de Máster en Urbanización y Desarrollo en la London School of Economics and Political Science y 5 años de haber retornado finalmente de Londres. Además, en enero cumplo 3 años de matrimonio ante Dios con Diana y 4 años de laborar como Analista de Mercado en la filial panameña de una reconocida firma inmobiliaria internacional. En fin, ha sido una década interesante en donde he ganado amigos (y me distanciado quizás sin querer de otros), una década en la cual mis horizontes se ampliaron, he viajado, he crecido y he madurado bastante y le agradezco a Dios estas oportunidades que me ha brindado y he sabido aprovechar.

También les cuento que en los últimos meses me ha entrado la picazón política. Para quienes me conocen, esto era de esperarse, pero, aun así, es importante para mi expresar el porque de mi interés en ser diputado. Si les soy sincero sencillamente yo tengo muchas ganas de poner todo ese rico bagaje de experiencias y conocimientos que llevo conmigo (algunas de las cuales han sido reflejadas en este blog o en mis redes sociales) y ponerlas en práctica. En otras palabras, quisiera dejar de hablar tanto y hacer más, contribuir más. Es por ello por lo que quizás dejé de escribir y opinar sobre temas políticos y urbanísticos, pues tengo ansias de pasar a la acción, a demostrar en su plenitud, con hechos y obras concretas, lo que el urbanismo puede contribuir, desde la Asamblea Nacional, en beneficio de las comunidades que conforman nuestras ciudades y convertirlas en Ciudades Esplendidas.

El caos y la sensación de corrupción administrativa se ve reflejado en los barrios del 8-8 (San Francisco, Juan Díaz, Parque Lefevre, Don Bosco y Río Abajo) y si bien es innegable que nuestra ciudad ha avanzado en materia urbanística, no se puso orden, con sanciones ejemplares, al caos creado por la mala gestión urbana de administraciones municipales pasadas y del Ministerio de Vivienda y Ordenamiento Territorial reflejado en los arbitrarios cambios de uso de suelo que seguían una lógica corto-placista enfocada en el aprovechamiento máximo de lotes en lugar de considerar el contexto urbano, la infraestructura existente y las proyecciones futuras del mercado inmobiliario. ¿Será verdad que no tienen los suficientes recursos jurídicos, humanos y financieros para hacer cumplir la ley? ¿Podrá el Órgano Legislativo hacer algo al respecto?

Como consecuencia de no tener clara las prioridades, tenemos una ciudad que se inunda en línea de mar y en las riberas de ríos porque no se ha creado la infraestructura necesaria para mitigar las consecuencias del cambio climático, una ciudad con tranques vehiculares, a falta de un esfuerzo valiente por apropiarse de la movilidad urbana, una ciudad sucia por una deficiente gestión de desechos sólidos y una ciudadanía molesta con la alteración radical de la vida en sus comunidades con proyectos inmobiliarios desarrollados de forma irresponsable, los anexos ilegales y la toma ilegal de la servidumbre y el espacio público además de los negocios ruidosos en medio de comunidades otrora apacibles.

Además, pienso que los concejales han tomado una actitud conformista ante una descentralización que no es tal, una descentralización basada en dádivas derivadas de sesiones de presupuesto participativo manipuladas y que no ayudan a fortalecer institucionalmente a las juntas comunales. En mi opinión las juntas comunales en zonas urbanas grandes deben constituirse en pequeñas administraciones municipales con poder de regular y sancionar además de resolver directamente los problemas más urgentes de las comunidades con las obras comunitarias necesarias, la resolución local de violaciones a la normativa urbana y la adecuada integración de la comunidad en sus decisiones podrán construir el ambiente de confianza que deriva en mayor concordia social y mayor atracción de capital financiero y humano a nuestra ciudad en zonas alejadas del centro.

Puede que esté equivocado y mi experiencia en el sector privado no me ayudan a comprender los enormes retos que confrontan las administraciones municipales, razón por la cual se deben tomar pequeños pasos y la comunidad armarse de paciencia o más bien el no estar contaminado por la cultura del sector público me ayude desde la Asamblea Nacional a cambiar las cosas para bien.

En fin, como mencioné, tengo enormes deseos de servirles y para llegar a ser diputado del circuito 8-8 (San Francisco, Parque Lefevre, Río Abajo, Juan Díaz y Don Bosco) será necesario recolectar más de 2,100 firmas con todo lo que ello involucra.

Cuento con sus firmas y con su activismo. Contáctenme a mi teléfono 6450-7093 o a mi correo electrónico carlosasolis@gmail.com.

Como perder un partido tontamente. Una mirada retrospectiva.

Lo ocurrido el domingo 21 de enero de 2018 con Cambio Democrático es un recorderis para todos los “dueños” de partidos políticos, de que ellos seguirán siéndolo hasta que comiencen a ganar elecciones, en especial para la Asamblea Nacional y los Concejos Municipales. Una vez esto ocurra, los patrocinadores de los diputados y concejales tendrán el sartén por el mango. Si usted no es el mayor patrocinador de estos, dígale adiós a su partido.

Cambio Democrático, por 16 años, fue un partido pequeño y manejable para su fundador y mecenas, Ricardo Martinelli. Todo cambió cuando entró en escena Jimmy Papadimitriu, personaje que no conforme con darle la victoria al CD, fue el cerebro detrás de la transformación del mismo de partiducho al segundo partido más grande del país. Gracias a Papadimitriu, el CD reemplazó en el siglo XXI al PRD en representar de alguna manera u otra a la clase media alta compuesta de medianos empresarios, ejecutivos de empresas y profesionales descendientes de inmigrantes arribados durante la postguerra y de interioranos arribados a las urbes, todos con aspiraciones de llegar a la clase alta.

También el CD ha pasado a representar a la nueva clase media emergente, que alguna vez el PRD representó cuando esta era la clase pobre, aquella que dada su escasa educación se dedica a ser albañil, peón, taxista, peluquera, manicura, mensajero, chichero, raspadero, niñera, jardinero, empleado público, etc. y que gracias al periodo de bonanza de 2004-2014 y los aumentos salariales que se dieron en el periodo, pudieron abrir cuentas bancarias, obtener tarjetas de crédito e hipotecas lo cual les permitió acceder a casa y auto propio y hasta enviar a sus hijos a escuelas privadas económicas.

Esto no ocurrió de forma gratuita, como todos recordarán (ver El Cambio a la República Asiática https://impresa.prensa.com/opinion/cambio-republica-asiatica_0_3001949966.html) el CD se benefició de una ley ideada por Papadimitriu que le quitó a los partidos políticos el derecho sobre las curules legislativas y de concejales, atrayendo a muchos políticos especialmente del PRD y del Panameñismo que deseaban un mayor acceso a los recursos del estado que les permitiera seguir haciendo política clientelista o que fueron extorsionados por Martinelli.

Como mencioné en aquel entonces esto se dio con el fin de constituir al CD en el partido hegemónico único, lo cual casi logró absorbiendo al Partido Unión Patriótica (de donde vino Rómulo Roux y José Raúl Mulino), y casi absorbiendo al MOLIRENA (aunque logrando llevarse algunos dirigentes como Arturo Vallarino) y dividiendo y debilitando seriamente al PRD (partido que apenas se recupera de dicha experiencia) y sacándole la tabla al panameñismo, expulsándolo de la alianza de gobierno. Las pretensiones desmedidas de poder de la nueva elite política y económica que representaba CD acabaron por meterlos en problemas con la élite dominante, representada por el Panameñismo y el PRD. Primero, expropian a Jean Figali, luego llaman a la elite imperante empresaurios, luego comienzan a extorsionarles a cambio de acciones en sus empresas y luego pasan a retarlos en sus negocios grandes. De especial interés ha sido el conflicto de estos con Bobby Eisenmann y Stanley Motta.

Sin embargo, este gran plan se ve truncado por un problema entre Papadimitriu y Martinelli por unas tierras en disputa, pasando el primero a caer en desgracia y dejando ese monstruo nuevo a medio cocinar. Ni Martinelli, ni sus nuevos amigos Luis Eduardo Camacho, José Raúl Mulino, Segio Gálvez, Alma Cortés, José Domingo Arias o Rómulo Roux supieron cómo manejar ese nuevo bicho semi-hecho y trataron de manejarlo como si fuese el partido pequeño con dueño que siempre fue, ignorando la nueva realidad de su partido.  El nuevo CD es un coctel muy heterogéneo socialmente, como el PRD, pero a diferencia del PRD, no tiene una ideología que supuestamente lo vertebre, ni cuadros formados lo cual es su ventaja y desventaja. Al igual que el PRD, el CD es un partido que atrae admiradores por las grandes obras y programas sociales que dejó cuando estuvo en gobierno (con los atracos al erario que extrajeron a cambio) pero estas no se le pueden deber exclusivamente a Ricardo Martinelli, más bien al hombre que trabajó tras bambalinas y el legado de los gobiernos anteriores. Su novedad atrajo muchos jóvenes, razón por la cual es un partido joven y des-complicado ideológicamente (con todos los defectos y virtudes de la juventud panameña actual, en especial su bajo nivel cultural y semi-analfabetismo) que le dio la oportunidad a muchos chicos de trabajar en el gobierno en puestos de mando. Esto ha ayudado a consolidar y fidelizar un posible tercio de la población que sería su base electoral, lo cual lo pone quizás al nivel del PRD, pero esta tesis deberá ser comprobada en las próximas elecciones.

¿Y que tiene que ver toda esta historia sobre Papadimitriu con la victoria de Rómulo Roux? Mucho. Gracias al transfuguismo que infló al partido, se introdujeron precisamente las figuras que le quitarían el control del partido a Martinelli. Gracias a los mismos mecanismos de control que utilizó Martinelli para mantener la fidelidad de los tránsfugas, estos no le deben a Martinelli su popularidad entre sus bases de apoyo, ya que dicha popularidad depende de los recursos que distribuya el diputado o representante a su red clientelar, no importa el origen de los mismos. Por otro lado, las leyes panameñas obligan a procesos internos “democráticos” en los partidos políticos, los cuales su grado de complejidad depende del tamaño y diversidad de su membresía, pero siempre dependerá de la red clientelar que se maneje. En partidos pequeños como el Partido Popular, por ejemplo, es más sencillo el control del mismo ya que su reducido tamaño lo hace sujeto al control de quienes manejen los pocos delegados del partido, por lo general cuadrados con sus dirigentes. En el PRD o el CD, debido a su tamaño, el número de delegados es mayor y en su mayoría responden a las directrices de los diputados y concejales que hacen de patriarcas de sus tribus políticas. Para ganar un proceso interno, es crucial lograr la adhesión de la mayoría de estos dirigentes, en especial aquellos que manejan recursos económicos.

Los diputados del CD dependen económicamente del gobierno actual y dado que no se trata de un grupo para quien la fidelidad sea una virtud cardinal, estos no dudarán en venderse al mejor postor, esta vez sin necesidad de fugarse de partido. Siendo así, queda la duda si estos apoyaron a Roux, gracias a una directriz del Órgano Ejecutivo o si estos actuaron así autónomamente para zafarse del “dueño” del partido que pretendía darles ordenes como si trabajaran en su supermercado. Quizás sean las dos razones.

Así las cosas, vale la pena preguntarse si esta victoria de Roux, es el colofón de una aventura que intentó subvertir el orden sociopolítico del país, dándole un escarmiento a los atrevidos y quitándoles el partido que les sirvió de vehículo (y que pudo haberles perseguido en 2019) para conducirlo al orden que ha imperado desde 1989, un orden cuya regla no escrita ha sido la de no meterse con nadie y no meter preso a nadie de la élite por algún posible caso de corrupción y enriquecimiento a costilla del erario público, mandando un mensaje claro de que nadie se debe meter con la “polite society” a riesgo de perderlo todo. Esto es peligroso considerando que fue esta clase de situación lo que provocó la subida de Hugo Chávez al poder en Venezuela con todo lo que ha significado para dicho país. Considerando las relaciones del FAD con los dos últimos gobiernos, no se puede esperar de ellos un cambio real, además, su ideología representa un peligro para la sociedad panameña de llegar este partido al poder.

Tras la victoria de Roux, vaticino una posible alianza del CD con el PRD. La pregunta será quien será el vicepresidente ¿Roux o Cortizo? ¿Y si se fusionan serían el Partido Democrático solamente (sin el Cambio o la Revolución) ¿Habrá necesidad de un Partido Conservador con base en la clase media que les haga oposición y ponga fin a la corrupción y la falta de dignidad a nivel internacional en este país? Amanecerá y veremos.

Fracasos y corrupción estudiantil, un síntoma del fracaso y la corrupción social.

20180109_094736.jpgPor Carlos Antonio Solís Tejada

Después de varios días de calificar un cerrito de trabajos finales en casa, tarde en la noche y después de un largo suspiro llega el momento del fatídico “clic”. Esa noche sabía que las siguientes semanas, después de subir las notas, estarían sazonadas por llamadas, mensajes de texto y correos electrónicos de algunos estudiantes alegando sus casos o buscando extorsionarme. ¿Y si simplemente les hubiera puesto la “C”?

Si bien eso me hubiera garantizado una Navidad en paz, mi conciencia no me hubiera dejado tranquilo, no hubiera sido ético, no hubiera sido pedagógicamente correcto y no hubiera sido justo con el contribuyente que prácticamente beca a estos estudiantes, la mayoría sin necesidad económica, en la “Universidad del Pueblo”. La próxima generación de profesionales panameños no puede forjarse mediante la lástima y la mediocridad.

Quien estas líneas suscribe, no lo hace desde una posición de superioridad e infalibilidad académica, de hecho cuando estudiante, también pasó por la penosa experiencia del fracaso. En dicha situación uno tiene las siguientes opciones: cambiar de carrera, llorar y lamentarse amargamente, molestarse, acosar y reclamarle al “malvado” profesor, dejar la universidad y buscarse un trabajo o simplemente aceptar el fracaso, levantarse, limpiarse las rodillas y recomenzar habiendo asimilado los errores propios y, con nuevos bríos y conocimientos, volver a tomar los cursos “fracasados” o volver hacer los trabajos mal hechos con la esperanza de no volver a fracasar. Y así es la vida, uno no nace sabiendo y los fracasos son parte de ese proceso de aprendizaje.

Algunos repiten frases cliché tales como “los profesores nos debemos a nuestros estudiantes” o que “el fracaso de nuestros estudiantes es nuestro propio fracaso”… Ojalá fuera así, lastimosamente el mayor factor de fracaso de algunos estudiantes que han pasado por mis cursos ha sido el plagio (o copia y pega), un reflejo no solo del fracaso moral de nuestra sociedad que acepta y promueve el robo descarado del trabajo intelectual ajeno, sino de la pereza mental no solo del estudiante sino de muchos docentes de escuela básica, pre-media, media y hasta universitarios que no se toman la engorrosa labor de leer los trabajos de sus estudiantes, ni corregirlos, ni rechazarlos por deshonestos.

También refleja el fracaso de muchos padres de familia que apadrinan la mentalidad mediocre de “cumplir con el trabajo y ganarse una nota” el cual supone ser premiado con excelentes calificaciones solo por el hecho de entregar un trabajo, sin importar la calidad y méritos del trabajo en sí (su contenido), sino el “esfuerzo” del estudiante. Muchos llegan incluso a pelear con los docentes “defendiendo” las notas de sus críos, sin importar el mal que les hacen. En Panamá seguimos creyendo que el fracaso es malo cuando en realidad la vida nos demuestra todo lo contrario, esto va contrario sensu, pero es así.

Después del plagio los demás trabajos fracasados reflejan  la pobreza  analítica y crítica además de una escasa cultura general y una falta de curiosidad patológica en el estudiante para quienes investigar consiste solo en buscar en Google, consultar una sola fuente, leerla por encima, copiar y pegar en Word, y con suerte meterle una que otra palabra propia para hacer pasar el trabajo como suyo. En mis tiempos, se hacía lo mismo, pero se transcribía verbatim de las enciclopedias previa búsqueda tediosa en una biblioteca. Sin embargo no existen atajos, esta falta de cultura general solo puede ser superada desarrollando la suficiente curiosidad que lleve a la persona a leer mucho, viajar, explorar lugares, reflexionar y practicar su escritura. Conscientes de la problemática a los estudiantes se les da múltiples oportunidades de mejora, sin embargo la pereza mental y la deshonestidad es tal, que muchos no logran recuperarse.

Esto nos trae al estudiante, quien al fin y al cabo debe cuestionarse a sí mismo que quiere de la vida y si cuenta con las habilidades necesarias para alcanzar sus metas…si es que las tiene. La buena y mala noticia es, que la Universidad no está hecha para todos, pero existen alternativas. Lastimosamente en Panamá dichas alternativas no tienen el glamour de los títulos cuasi-nobiliarios de Ing., Arq., Dr.  o Lic. Si supieran que dicho glamour muchas veces no viene acompañado de un salario glamuroso, se lo pensarían dos veces antes de despreciar una profesión técnica bien paga y perder su tiempo frustrándose en una carrera universitaria para la cual no tienen talento, con la dichosa esperanza de “superarse en la vida”.

Temo mucho por mi hija recién nacida y su generación, que deberá en pocos años ingresar a un sistema educativo (público y privado) caduco, anquilosado y corrupto, en donde, si se quiere una educación de supuesta calidad, se le  debe pagar una “donación”  ilegal y  una anualidad sin garantía alguna de una educación integral a una escuela privada internacional. De lo contrario uno debe confiar su suerte en las escuelas privadas tradicionales cuyos contenidos curriculares  y cuerpos docentes no difieren mucho de los de las escuelas públicas, cuya única ventaja es quizás meramente administrativa al ofrecer mayor dedicación horaria, mayor disciplina y nivel de exigencia y con suerte salones menos congestionados y mejor equipados.

Además, tienen el dudoso privilegio de ofrecer un ambiente social menos diverso (en lo social y en lo intelectual), eminentemente de clase media, donde los estudiantes menos talentosos, problemáticos o en riesgo social son retirados y enviados al sistema público o a escuelas privadas menos exigentes.  Este privilegio tiene un alto costo social, con escuelas públicas saturadas con un cuerpo estudiantil demasiado diverso (en lo social, económico y en habilidades de aprendizaje), docentes desmotivados, sobrecargados y con escasa cultura general además de escasas instalaciones físicas en penoso estado ruinoso.

A esto súmele los horarios cortos y las interrupciones constantes al proceso de enseñanza aprendizaje por huelgas y padres de familia semi-analfabetas, con estados maritales inestables y tenemos el cóctel perfecto para los fracasos constantes en las escuelas públicas cuyos estudiantes son “pasados” y terminan muchos llegando a la universidad pública, junto con los estudiantes regulares de escuelas privadas pequeñas o tradicionales, a uno de mis cursos (o el de algún otro colega) para una vez más terminar frustrados, amenazándonos y culpándonos de un fenómeno que se cultivó desde su tierna infancia y del cual el estudiante mismo deberá encontrar la suficiente fuerza de voluntad para superar. No es imposible, si algunos de mi generación lo hicieron, y de la que nos antecedió también, algunos de ellos también podrán.

El autor es arquitecto y urbanista, profesor en la Universidad de Panamá.

Carta abierta a la carta abierta

Cada día aprendo algunas cosas nuevas por ejemplo:
1. Que en este país existe una especie de «Consejo de Guardianes del 9 de enero». Sin su bendición no es posible hacer nada ese día.
2. Que el humor no es una forma válida de crítica social.
3. Que La Cáscara en realidad no representa la cosmovisión de quienes tienen una visión moralmente liberal.

Para los cortos de memoria, hace 20 años atrás La Cáscara ( La Pepa TV) rompió de alguna manera el paradigma de lo que hasta ese entonces se podia ver en la pantalla chica, muchas de esas cosas que los socio-liberales siempre han criticado a esta sociedad «conservadora y de doble moral». Ustedes saben, aquello de romper tabúes sobre el sexo, hacer visible el poliamor (palabra sofisticada para promiscuidad), hacer muy visibles y normales a los gays, travestis y lesbianas, aquello de que la mujer puede vestir como quiera y que es tan dueña de su cuerpo incluso para exhibirlo como quisiera (afrontando las consecuencias), etc..

Estos chiquillos creen que inventaron aquello de normalizar la homosexualidad, pues les recuerdo que todo comenzó con el humor. Aunque les parezca cruel, fue en los programas de humor que la sociedad en general fue acostumbrandose a verlos( a «visibilizarlos») eso llevó luego a la posterior tolerancia y cuasiaceptación que disfrutan hoy día. Eso no es de ahora, comenzó mucho atrás quizás tímidamente antes de La Cáscara. Ese fue un cambio social dramático.

La Pepa TV/ La Cáscara y otros programas que le siguieron en los 1990 incluso normalizaron el uso de tatuajes, piercings, dreads, pelo largo en la pantalla chica. Sacaron incluso una campaña de «educación sexual» sin contenido moral/religioso llamada Forrito mucho antes que muchos chiquillos socio-liberales que ahora alegan ser defensores de la Educacion Sexual y Reproductiva aparecieran con sus «movimientos sociales».

La Cáscara fue un programa iconoclasta que no respetaba institución alguna, ni clase social alguna y cuestionaba a su manera «la doble moral» del panameño con segmentos como «El Partido del Billete», «El Panameño», «Fernando, el funcionario» y ahora con «Charleslatan» y otros más. Ahora resulta que toda esa chabacanería es mala para ellos (O más bien ellas) y se proclaman defensoras de la nueva moral pública cual damas victorianas. Los conservadores llevan más tiempo siendo congruentes y criticando esta clase de programa desde hace años.

La Cáscara se ha burlado de todos ricos y pobres, blancos, negros, chinos, indios, indígenas, gringos, europeos, etc. Mi generación se rió por igual de Patty «La Chica Yeyé», de Calito Plaga/Carlos Iván como de Usnavy, Miss Racataca, el Nini, Lao Ta Salao o la empleada Juventina. Y no, no somos ni racistas, ni clasistas, ni mala gente por ello. Creo que no ha habido sector social del cual ellos no hayan hecho mofa. Una tradición que comenzó cuando Davis y Delmiro eran parte de El Camaleón.

Otro aspecto de esa «tradición» ha sido el lema de El Camaleón «Un momento con el gobierno, el otro con la oposición» eso les explica porque le han dado tanta visibilidad a los políticos tanto de gobierno como de oposición en todos los periodos y porque si ayer saltaban camas con Martínelli, o entrevistaban a Ernesto Pérez Balladares después los denuncien o hagan mofa de ellos.

Si se burlan de los «movimientos sociales» y sus manifestaciones callejeras, como crítica social, lo hacen con justa razón y son reflejo fiel de la opinión de la mayoría de trabajadores de clase media y trabajadora además de los estudiantes universitarios que se ven afectados y secuestrados por grupos de vándalos eternos estudiantes y eternos dirigentes sindicales que para nada representan el sentir, ni pensar de las mayorías y no dejan que el resto produzcamos y estudiemos para echar adelante este país.

Da risa ver a feministas y socialistas champaña hablar de luchas populares cuando rara vez han estudiado en una escuela pública o pisado un centro de salud o una policlinica, o se escandalizarían si supieran como piensan de verdad y que tan desconectadas están de «el pueblo»… pero bueno esa es una larga tradición que nace con Marx y Engels, los primeros izquierdistas champaña.

La Cáscara ciertamente ha promovido los antivalores, pero sólo aquellos que rompen con la valores y moral judeocristiana, aquellos antivalores que en realidad siempre han promovido los socio-liberales y buenistas, mucho antes que algunos de ellos nacieran. Yo crecí con ese programa y difícilmente puede decirse que fui deformado éticamente por el mismo. Simplemente porque me crié en una familia que con sus defectos y virtudes me inculcaron criterios para distinguir aquello que es bueno de lo malo y lo constructivo de lo destructivo. A pesar de ser de mentalidad conservadora siempre he disfrutado de El Camaleón, La Pepa TV y La Cáscara porque daban risa a pesar de toda la chabacanería, el mal gusto y el recurso fácil a lo vulgar porque a pesar de ello, en el fondo, habían perlas de crítica social muy válidas que daban de que pensar.

Y aún así a pesar de ello, como creyente, sólo puedo juzgar los actos pero nunca a la persona, en este caso de Ubaldo Davis pues todos somos capaces de redimirnos, todos por más inadecuados que seamos podemos ser llamados a hacer cosas grandes como librar nuestra sociedad de la corrupción administrativa. Luego podremos pasar a profundizar en la corrupción moral y ética que la genera. Una sociedad sana defiende la libertad de expresión porque ayuda a oxigenarla y a romper con burbujas ideólogicas.

En fin lo importante es la causa, no el mensajero. El 9 de enero sea donde sea que estén no dejen de crear conciencia sobre la corrupción.

Saludos.

Carlos Antonio Solís Tejada

2021 – ¿Año de la Integración Hispanoamericana?

Por Carlos Antonio Solís Tejada

A cuatro años de celebrar el bicentenario de nuestra secesión del Imperio Español en 1821, vale la pena reflexionar un poco sobre los hechos que inesperadamente sumó al istmo al desmembramiento de la Hispanidad hace casi 200 años y las consecuencias que dicho hecho ha tenido a partir de ese tumultuoso siglo XIX. Una reflexión necesaria de cara la vulnerabilidad que padecemos por dicha desunión ante potencias hegemónicas como como los EE.UU. y potencias emergentes como China.

Como recordarán, la invasión napoleónica a la Península Ibérica en 1808 trajo confusión e inestabilidad política en el Imperio Español, fue así como muchos ayuntamientos tanto en la España peninsular como en la España de ultramar deciden formar juntas autónomas que pretendían primero defender la legitimidad del rey Fernando VII, ante la usurpación francesa. Sin embargo, algunas juntas en América dominadas por sus elites criollas locales deciden radicalizarse formando movimientos independentistas bajo la influencia y apoyo de los británicos interesados en pagarle con la misma moneda el apoyo español a la independencia de las trece colonias británicas norteamericanas que luego formarían los EE. UU. y explotar los beneficios de comerciar con élites económicas más parroquianas y con menor acceso a los recursos y capital del resto de los dominios hispánicos para hacerle frente a sus industrias. Lejos de ser una guerra de españoles contra hispanoamericanos, fue una guerra fratricida de español contra español, una guerra civil protagonizada por monarquistas contra revolucionarios, cuyos miembros podían haber nacido tanto en América como en la península.

Sin embargo, contrario a lo que escuchamos en las escuelas, el Istmo de Panamá no se independiza por algún sentimiento patriótico reprimido, más bien por un cambio de circunstancias que llamó a buscar una solución rápida y práctica. Verán, por un periodo de trece años, entre 1808 a 1821, desde el comienzo hasta casi el final de las guerras de independencia, el Istmo se mantuvo como territorio sólida y convenientemente monarquista repeliendo invasiones independentistas a la Ciudad de Portobelo (y el incendio de Taboga), aportando dinero y tropas istmeñas a la causa del Rey y siendo base de operaciones de las tropas monarquistas que combatieron a los rebeldes en Sudamérica (dirigidas algunas por panameños como José de Fábrega y José Remón ) y habiendo recién electo a Blas Arosemena (tío de Justo Arosemena) como diputado por Panamá ante las cortes (parlamento) en Madrid. El giro repentino que se dio en noviembre de 1821 solo se explica cuando se entiende el contexto en el que ocurre. Para noviembre de 1821 las dirigencias realistas inesperadamente se voltean en el Virreinato de Nueva España (México) y la Capitanía General de Guatemala (Centro América) – reaccionando a los cambios políticos en España- y son derrotados en los Virreinatos y Capitanías sudamericanas sin esperanzas de contar con refuerzos desde Cuba, Puerto Rico o España después del alzamiento del General de Riego en la península.

Ante el escenario real de una invasión desde Cartagena después de la declaración de independencia de Los Santos y otros pueblos interioranos, y ante la indefensión de Portobelo y Ciudad de Panamá después de la partida del Gobernador Murgeón, con el grueso de las tropas que defendían el istmo partiendo a combatir a los colombianos y chilenos que invadieron y derrotaron al bastión realista del Perú, fue que la élite capitalina, representada por su cabildo, debió creer conveniente mejor prevenir que lamentar cambiándose al bando independentista, evitándose así sobre ellos la venganza del “Libertador” Simón Bolívar y sus tropas. Fue así como sin planificación previa, el istmo, se reintegra, muy a pesar suyo a la Nueva Granada (Colombia), ahora convertida en una república bananera que como el resto de repúblicas bananeras latinoamericanas no tenía rumbo claro y cuyas élites después de fragmentar mezquinamente la unidad del continente, pasaran a matarse arrastrando al resto en constantes guerras civiles y golpes de estado que en ocasiones fragmentaban la nueva república en mini-repúblicas. Para rematar a diferencia de cuando se era parte del Virreinato del Perú donde la comunicación marítima con Callao y Lima era más expedita, comunicarse con Bogotá a pesar de parecer más cercana estaba limitada por selvas y montañas, lo cual dificultaba la administración del istmo, y más tarde abonaría en la mente de muchos istmeños, también por razones prácticas, a la justificación de la separación de Panamá de Colombia en 1903.

Mantenerse unidos al Imperio Español no era factible sencillamente porque las guerras de independencia y los consiguientes alzamientos en España sacaron a relucir las grandes debilidades del gobierno imperial español. El imperio sencillamente estaba pegado con saliva, lo único que mantenía unidos a todos los hispanos desde las Filipinas hasta la Península Ibérica era su lealtad y su identificación como españoles, sin importar el origen étnico, ni la posición socioeconómica, ni el lugar de nacimiento. Una vez destruida dicha identificación y lealtad, el descalabro era inevitable porque no es fácil retener un territorio tan extenso sin contar con la ventaja tecnológica y estratégica, además de las alianzas internas y lealtades que le facilitaron la conquista e hispanización de América a la Corona de Castilla. Tanta era su debilidad que aun cuando los dominicanos se volvieran a reincorporar al imperio tiempo después de librarse de los haitianos, España no pudo retener Santo Domingo ante las resurgentes fuerzas separatistas dominicanas. Imagínense las posibilidades reales del gobierno imperial en Panamá ente las tropas colombianas, mexicanas o chilenas, o una revuelta interna. No había vuelta atrás.

Para rematar la Guerra de 1898 con los EE.UU. volvería a reiterar la debilidad institucional y militar de España que siguió empeorando después de 1821, perdiendo Cuba, Puerto Rico, Guam, las Marianas y Filipinas y reteniendo solo sus pequeñas posesiones africanas en Canarias, Río Muni y Fernando Poo. España no volvería a florecer sino hasta después de desangrarse en la Guerra Civil de 1936-1939 y someterse a una dictadura que sentó las bases para la estabilidad y consiguiente prosperidad y desarrollo de dicho país además de asentar las bases materiales sobre la que gestó, sin querer, la maduración democrática del pueblo español. Una democracia aun frágil ante el cáncer separatista que se fue gestando desde el siglo XIX en la península y hace metástasis ahora con la democracia.

Cualquier sueño reunificador de la hispanidad pareciera mera quimera si se considera no solo la fragilidad de España, sino el hecho de la consolidación de las nuevas identidades nacionales en la América Hispana. Dichas identidades fueron forjándose después de padecer, post-independencia, de cruentas luchas armadas entre estados hispanoamericanos, guerras civiles e invasiones británicas y estadounidenses que desangraron y destruyeron las economías de los países de la región. A eso se suma, el caudillismo nacionalista y la posterior consolidación y fortalecimiento de los estados nacionales de fines del siglo XIX y principios del XX, desembocando en la imperfecta democratización de finales del siglo XX y el desarrollo económico que ha generado una creciente clase media en el siglo XXI que está demandando crecientemente el fin del clientelismo político, el fin de la corrupción política y esperemos que eventualmente exija el mejoramiento de la educación y la elevación de su nivel cultural.

Sin embargo, el posicionamiento de China como potencia global (gracias a un aparato político y propagandístico muy efectivo y la ambición expansionista de sus empresas, más que por su fortaleza militar), y el surgimiento de nuevas pretensiones de hegemonía o influencia regionales como la de Brasil, India, Rusia, Irán, Sudáfrica y Arabia Saudita ante el creciente aislacionismo estadounidense y una Unión Europea en crisis, quizás demande una respuesta mucho más unificada y coordinada entre los países hispanoamericanos con Panamá como centro. Dicha coordinación hoy día es mucho más fácil que en el siglo XIX o XX gracias a los avances tecnológicos y de infraestructura logística y de transporte que han servido a la consolidación y fortalecimiento de sus estados, faltaría entonces extender dichos avances a las comunicaciones trans-fronterizas mediante autopistas, túneles y en especial ferrocarriles y una mayor disponibilidad de vuelos regionales baratos además de la eliminación de las fronteras para las comunicaciones telefónicas.

Esto debería ir aunado a menores restricciones a la libre circulación de personas y mercancías en la región lo cual se facilita por compartir una lengua y herencia cultural común, con expresiones religiosas (católicas y evangélicas) y antirreligiosas (ateas y agnósticas) muy similares, que posibilita una rápida asimilación de los emigrantes de la región. Un mayor movimiento humano a nivel regional podría inevitablemente crear nexos familiares y sentimentales mucho más densos tal y como ocurrió dentro de nuestros países durante el siglo XIX y XX. Las diásporas venezolanas, colombianas, peruanas, dominicanas, nicaragüenses, ecuatorianas, argentinas, guatemaltecas, puertorriqueñas, cubanas y salvadoreñas en los EE.UU y en el resto de América Latina han ciertamente forzado a los demás países hispanos a comenzar a conocerse y reconocerse.

Estados Unidos sin quererlo, se está convirtiendo en el hogar de un nuevo grupo hispanoamericano tan grande o más que el de países como Colombia o Venezuela. Además, ciudades como Miami o Los Ángeles están sirviendo como medios en donde se están reencontrando las diferentes identidades latinoamericanas partiendo de aquello que comparten en común, su cultura hispánica (además de demostrar que la tendencia al caos no es una patología genética o cultural). Su creciente poder económico y mediático está creando una nueva identidad fusionada o “neutra” que se está transmitiendo por sus medios televisivos, la música y el entretenimiento y compite fuertemente por la hegemonía con México, Colombia, Cuba y Argentina como generadores de cultura popular y entretenimiento en la región. Súmese a esto el carácter transnacional de algunos conglomerados empresariales hispanoamericanos como el Grupo Carso (Claro, etc.), Polar, Cemex, Bacardí, Bimbo, Grupo Poma, Copa, Taca, Bavaria etc. además de las empresas españolas como Telefónica, FCC, Sacyr, Repsol, Iberdrola etc., y podrá notarse la creciente confluencia de intereses entre las élites económicas y el capital del mundo hispano (las cuales previamente tendían a rivalizar y protegerse una de la otra) gracias al cambio de actitud que trajo consigo la globalización y el neoliberalismo.

Panamá como centro financiero regional y como nodo logístico de transporte multi-modal puede bien sacar partido de su situación y posicionarse como una especie de Bruselas para América Latina, como sede neutra de cualquier entidad regional que reúna a las élites políticas, económicas, culturales y académicas del mundo hispano de la que emane las directrices que guiarán las políticas económicas, sociales y diplomáticas de la región. Quizás para ello deba buscar la manera de lograr una conexión terrestre directa con Colombia que complete la vía Interamericana y de paso a una red ferroviaria que conecte el continente entero además de incentivar más vuelos regionales de bajo coste.  Como se puede observar, la integración económica y popular está en estado embrionario y solo requiere de una verdadera voluntad de integración política para alumbrar, tras una dolorosa gestación y parto, una Unión Hispánica.

Bajo una Unión Hispánica será posible defender nuestros intereses y posicionarnos ante un posible escenario global multipolar, en especial ante las presiones económicas de la República Popular China, la Unión Europea y los EE. UU. ¿Podrá la diplomacia panameña liderar de dicho proceso si se fortalece su capacidad y se le empodera? ¿Tendrá la élite política y económica del país la visión para llevar este proceso adelante cabildeando en toda la región, en España y ante la comunidad hispana de los EE.UU.? Dios quiera y sea así…

Apuntes novembrinos: El Estado del Istmo Centroamericano

Por Carlos Antonio Solís Tejada

Es noviembre y como todos los años celebramos las fiestas patrias, una ocasión propicia para reflexionar, entre fanfarrias, desfiles y discursos nacionalistas, sobre aquella tan cacareada ´falta de rumbo´, un norte, un plan y hasta de un “estadista” (entiéndase un caudillo iluminado cuasi-mesiánico que vislumbre y dirija los destinos del país), comentario suelto que suele escucharse cada cierto tiempo, especialmente por personajes con cierta pretensión de intelectuales profundos (muy probablemente encarnado por algún izquierdoso, además muy probablemente con algunos traguitos de por medio) en cualquier fiesta familiar, entre amigos o quizás también de la boca de algún locutor de radio o presentador de televisión.

Para serles honestos, si nos fiamos de la hechos históricos, creo que muy pocas repúblicas hispanoamericanas pueden presumir de tener un norte claro, pues así nacieron, sin rumbo claro, en medio de la confusión política que trajo la invasión napoleónica a España en 1808 pasando las élites criollas de formar juntas autónomas que defendían la legitimidad del Fernando VII, ante la usurpación francesa, tal y como se habían dado en la península, para luego radicalizarse algunas de ellas formando movimientos independentistas. Panamá no era la excepción, si consideramos que, por un periodo de trece años, entre 1808 a 1821, se mantuvo como territorio realista repeliendo invasiones independentistas a la Ciudad de Portobelo (y el incendio de Taboga), aportando dinero y tropas panameñas a la causa realista y siendo base de operaciones de las tropas realistas que combatieron a los rebeldes en Sudamérica (dirigidas algunas por panameños como José de Fábrega y José Remón ), por lo cual resulta extraño el giro repentino que se dio en noviembre de 1821. ¿Será que no fue hasta que la causa realista comenzara a ser derrotada militarmente en México, Centro y Sudamérica y ante la amenaza real de una invasión desde Cartagena, que la elite capitalina, representada por su cabildo, estimara conveniente mejor prevenir que lamentar cambiándose al bando independentista, evitándose sobre ellos su venganza? De llegar a ser cierto, quedaría claro que desde el principio los habitantes del istmo, sin planificación previa, sin norte, se reintegraron a la Nueva Granada, una república bananera que como el resto de repúblicas bananeras, no tenía rumbo claro y cuyas élites criollas después de fragmentar mezquinamente la unidad del continente, pasaran a matarse arrastrando al resto en constantes guerras civiles y golpes de estado que en ocasiones fragmentaban la nueva república en mini-repúblicas que animaron más adelante la separación de Panamá en 1903.

Sin embargo, ¿No será más bien que el istmo de Panamá ha tenido un destino que ha sido determinado, no por expresa voluntad de sus habitantes, sino por voluntad de Dios mediante su particular posición geográfica? ¿Tendrá el istmo de Panamá una vocación marcada por el hecho de ser desde siempre un cruce de personas, ideas y mercancías del mundo entero? Sobre la vocación geográfica, este es un hecho incontrovertible reconocido por propios y extraños en distintas épocas desde la Conquista hasta nuestros días y ciertamente este es un dato que trasciende nuestra realidad inmediata, pero quizás no hace particular al istmo de Panamá si se piensa en el Bósforo, Suez o la Ruta de la Seda.

¿Será que el destino transitista, o transitismo, -como lo acuñó Castillero-Calvo, se ha convertido sin quererlo en la base sólida sobre la cual se ha ido construyendo la identidad de los istmeños no importa si se es capitalino o interiorano? El camino de Cruces, el Ferrocarril de Panamá, la repentina y escasamente planificada separación de Panamá de Colombia para facilitar la construcción del Canal de Panamá por parte de los Estados Unidos, la plena recuperación del control sobre la ruta transístmica por parte de los istmeños y los ingentes esfuerzos de la élite capitalina en desarrollarla a través del conglomerado logístico multimodal marítimo, terrestre y aéreo y el Centro Financiero Internacional parecieran confirmar esa larga historia marcada por ese destino transitista. Pero, eso solo sería cierto desde un punto de vista centralista de la historia panameña, donde los hechos que importan son solo aquellos acaecidos en la ciudad de Panamá y la ruta transístmica con alguno que otro hecho tangencial en el interior o en el Darién. Hace falta entonces rescatar a profundidad y popularizar la historia económica social y cultural del interior y el Darién además de como encaja esta historia en el contexto regional para tener una visión completa de lo que ha sido y puede ser Panamá.

Por tanto, si queremos explotar todo el potencial del istmo es menester trascender el mero transitismo con metas más ambiciosas que hagan de Panamá el punto de partida de una Patria más grande. Pensemos como sociedad en grande con nuevas metas que vayan más allá del Canal de Panamá y las Áreas Revertidas comenzando por la conquista de la mente y el espíritu de los panameños poniendo fin al atraso educativo y la decadencia cultural y espiritual que nos ha caracterizado desde siempre. Este es un tema que ha sido siempre un rompecabezas para las mentes más preclaras que han nacido en Panamá y que por ahora no tiene visos de resolverse en el futuro inmediato si no se está dispuesto a incomodar a todos los actores involucrados, comenzando por las familias como primera escuela; una institución devaluada y vulnerada de distintas formas por el machismo y el estado de relativa barbarie y de pobreza moral de muchos istmeños . Sin la consolidación de la familia panameña, cualquier esfuerzo de reforma académica y del magisterio caerá en saco roto.

Con una sociedad elevada espiritual e intelectualmente, paso seguido, se hace necesaria la conquista e integración del Interior, el Darién y las zonas indígenas. El problema del agro que padecen quizás no sea tal si se piensa que en realidad el sector agropecuario debe enfocarse hacia la exportación y el procesamiento de sus productos más que en el abastecimiento del mercado local o la agricultura, ganadería y pesca de subsistencia. Los avances técnicos agropecuarios desplazan gente y esa gente hoy por hoy es la peor paga entre todos los sectores económicos del país razón por la cual seguirán migrando a las urbes. Invertir en el agro pensando que volverá a ser el gran empleador del interior y las comarcas indígenas es meter plata en un barril sin fondo. A esa masa campesina interiorana e indígena hay que reeducarla y reentrenarla para ganarse la vida en el sector industrial y de servicios a la par de incentivar el establecimiento de industrias básicas en el interior del país y de ser posible en las comarcas también. El Instituto Técnico Superior Especializado próximo a funcionar es un paso necesario en esa dirección.

El sector industrial paga mejores ingresos lo cual atrae otros servicios atrayendo a la gente de vuelta a las provincias y comarcas e impulsando el comercio y la construcción. Esto impulsará la urbanización del interior y las comarcas y dará mayor competitividad a sus ciudades. Para ello, su plena conectividad con el conglomerado logístico del canal y los servicios del Centro Financiero a través de una red de transporte moderno, incluyendo un ferrocarril y autopista desde Costa Rica hasta Colombia es clave.

Seguidamente debemos atacar el problema institucional radicado en la esquizofrenia social marcada por estar los panameños entre el deber ser un gobierno democrático centralista y lo que la mentalidad hispanoamericana y panameña en realidad demanda, un estado liderado por un soberano sabio con gobiernos locales fuertes y autónomos y justicias locales independientes que resuelvan directamente los problemas del pueblo. Si no se resuelve esta dicotomía constitucionalmente, con municipios fuertes y autónomos unidos por un gobierno central encargado de los temas macro, la sensación de falta de rumbo seguirá persistiendo, en la forma de caudillos políticos con disfraz republicano.

Una vez lograda dichas metas culturales e institucionales, debemos apuntar hacia la integración económica y política con Costa Rica conducente a una unificación en un solo estado. Panamá y Costa Rica, son los países más desarrollados de América Central y quizás los más compatibles. Su complementariedad se basaría en el aporte tico de sus avances institucionales, educativos, culturales, industriales y turísticos y el aporte panameño de su know-how financiero, logístico y constructivo. Dicha integración sería incompleta sin la consiguiente integración política y económica de Nicaragua, que ya aporta parte de su mano de obra excedente a Costa Rica y Panamá. Para ello habría que invertir en la construcción del Canal de Nicaragua, sus terminales portuarias y en base a ello acelerar su desarrollo humano y el de la zona norte de Costa Rica. Con la integración de Panamá, Costa Rica y Nicaragua en un solo estado se sientan las bases de una potencia regional impulsada por dos canales y nodos logísticos, bajo la misma administración complementándose y no compitiendo entre sí.

El futuro estado istmeño contaría además no solo con una red de puertos y ferrocarriles en el atlántico y pacífico con Bluefields, Limón y Colón complementándose entre sí sino con un recurso humano talentoso, trabajador y abundante conformado por más de 16 millones de personas exportando productos istmeños de valor agregado y reexportando de otras partes del mundo convirtiéndose así en uno de los emporios logísticos, industriales, financieros y comerciales más grandes de Occidente. De llegar a concretarse este nuevo estado, el mismo podría paulatina y progresivamente integrar al resto de América Central al nuevo estado istmeño desarrollando y conectando por ferrocarril al resto del istmo centroamericano convirtiéndose así en una potencia económica hispanoamericana mediana similar a Colombia o Perú. Si bien estas ideas sencillas suenan muy ambiciosas, para eso son las visiones de estado, piense que hace más de un siglo nadie se imaginó que lugares tan marginales como Panamá y Costa Rica llegasen a estar entre los países más competitivos de América Hispana. Diseminemos estas ideas y no temamos pensar en grande, la alternativa es el atraso y la pobreza sempiterna bajo repúblicas bananeras.

 

La destrucción de los abuelitos modernos

por Carlos Antonio Solís Tejada

Para la mayoría de los capitalinos, o por lo menos las generaciones nacidas antes de la década de 1990, la Ciudad de Panamá que conocemos es una ciudad relativamente nueva. Tanto es así que aun contamos entre nosotros con personas que fueron testigos conscientes de cada etapa de la inexorable expansión lineal hacia el este que tuvo nuestra ciudad a partir de 1917 con la creación del Barrio de La Exposición y luego de Bella Vista en 1924. Dicha expansión sin lugar a duda creó un nuevo paisaje urbano que reflejó de manera dinámica los estilos más en boga durante la primera mitad del siglo XX e indudablemente constituyó una ciudad relativamente joven y por tanto efímera o impermanente.

Muchos son conscientes de los vistosos estilos ‘Neo-clásico’ y en especial del ´Neo-colonial´ o “Bellavistino”, de muchas residencias del casco urbano de la ciudad. Estas últimas son muy admiradas y amadas hasta el día de hoy por propios y extraños ya que reflejan el espíritu barroco y ecléctico del panameño, constituyendo además todo un símbolo aspiracional. Si no me creen, basta observar la extensa progenie ‘pobre´ del bellavistino, el ´feo-clásico´ que aparece en todos los suburbios capitalinos, con sus falsas columnas salomónicas, sus falsos capiteles corintios, sus colores pasteles o chillones y sus techos de tejalit.

Sin embargo, existe muy poca conciencia de la existencia de otros edificios con estilos también ‘de antaño’ que por sus líneas sencillas y su asociación con la pobreza urbana han sido subestimados y hasta devaluados en la mente barroca arribista de muchos capitalinos. Me refiero a los edificios con influencias, ‘Art-Decó’ y ‘Streamline’ de la primera modernidad panameña, en Curundú, Calidonia, Santa Ana y Bella Vista, los abuelitos de todos los edificios modernos de nuestra ciudad capital.

Si bien es cierto que no todo edificio, por el hecho de ser viejo debe ser forzosamente preservado, si se hace necesario conservar una memoria de nuestra cultura material y de su contexto urbano, aunque sea con los ejemplos más emblemáticos de la primera modernidad mediante un minucioso estudio que sustente su declaración como patrimonio arquitectónico de la ciudad de Panamá. Sin embargo, dado el espacio (m2) que ocupan, estas edificaciones emblemáticas son precisamente las que más peligran y son inmisericordemente desaparecidas por sus dueños junto con los edificios ‘bellavistinos’. Ejemplos claros han sido el Teatro Bellavista y las llamadas Rentas. Igual suerte están a punto de correr la Piscina Adán Gordón (administrada por Pandeportes) y el Edificio Arraiján (administrada por el Banco Hipotecario) ambos en el corregimiento de Calidonia.

Al igual que la Casa Wilcox, dichas edificaciones son la representación material de una época. Tanto la Piscina Adán Gordón como el Edificio Arraiján, dan fe de los primeros esfuerzos del joven estado panameño en proporcionar salud corporal mediante el deporte además de vivienda digna al panameño de ingresos modestos. La demolición de la emblemática plataforma de clavados y de la característica fachada ‘streamline´ de la Casa Club debería constituir un crimen contra el patrimonio arquitectónico, aun cuando las instalaciones de la piscina no hayan sido declaradas como tal. En este sentido Pandeportes y los colegas de Tapia y Watson, deberían reformular el proyecto ya licitado considerando que dicha piscina, junto con el Estadio Juan Demóstenes Arosemena, constituye uno de los únicos vestigios en pie de los IV Juegos Centroamericanos y del Caribe que se celebraron en Panamá en el año de 1938 además de formar parte del escaso patrimonio moderno del país. Por otra parte, está de más decir que es un conjunto arquitectónico con enorme significado en la historia de la natación y el deporte en Panamá y demolerlo sería colaborar en la destrucción del patrimonio deportivo, cultural, arquitectónico y urbanístico de nuestra ciudad.

En el caso del edificio Arraiján (1944), este representó un avance en las políticas de vivienda accesible ofreciendo apartamentos chicos con baño propio, lo cual le distinguía de los caserones de inquilinato de madera con baño único que ofrecía el sector privado. Si bien es comprensible que el innegable estado descuidado y ruinoso de estos proyectos de vivienda los hacen candidatos a ser condenados y derribados, al igual que la Casa Wilcox, estos edificios podrían ser salvables con las técnicas adecuadas para ser puestas en valor para nuevos usos, por ejemplo, como vivienda de alquiler para estudiantes o jóvenes trabajadores solteros.

Es menester que tanto los capitalinos como sus autoridades (MUPA, MIVIOT y PANDEPORTES) comprendan la importancia de preservar en lo posible los aspectos positivos y rescatables de la imagen urbana que ha caracterizado la ciudad de Panamá en diferentes épocas, incluidas las más recientes, de lo contrario se pierde un elemento importante para el fomento del sentido de identidad local entre sus ciudadanos, asociado con la conciencia de formar parte de una historia urbana ininterrumpida que se extiende por décadas y siglos. Este es el mayor atractivo de ciudades como Londres, México o Buenos Aires y constituyen la base visible del potencial turístico de la cultura local. Por tanto, no se trata de ser nostálgicos, más bien de ser conscientes de la trascendencia de nuestras decisiones, dado que al permitir la desaparición física de estos últimos abuelitos, los capitalinos estamos privando a futuras generaciones, propias y extrañas, de una comprensión y apreciación integral de la historia y cultura de nuestra ciudad. Aprovechemos las festividades del V centenario de la fundación de la Ciudad de Panamá para crear consciencia y salvar nuestro patrimonio moderno a través de la conservación de estos abuelitos modernos.

El autor es arquitecto y urbanista

#NOALAREELECCIÓN2019…¿Alternativa real o un unicornio azul?

Meditando sobre las candidaturas independientes, he estado concluyendo que son en realidad una distracción para el electorado inconforme. Ello se debe a la connotación que el concepto independiente, tiene dentro de nuestro sistema electoral y en el imaginario público: el de ser forzosamente candidatos sin partido o movimiento político que lo respalde o del cual dependa.

 La trampa del “Independiente”

En realidad la independencia política se basa no tanto en la filiación partidista sino en la independencia de grupos hegemónicos de poder o influencia en el país, los cuales pueden estar detrás incluso de los susodichos candidatos «independientes». Por tanto, lo ideal sería que representaran grupos alternativos con visiones alternativas o «independientes» de las dominantes. Esta aclaración del concepto «independiente» es importante porque tal cual se entiende, resulta en una trampa para el electorado inconforme ya que el político «independiente “electo  resulta ser siempre una especie de golondrina o llanero solitario, sin verdadero efecto político.

La genialidad detrás de la trampa del «independiente» es que sirve al sistema como desahogo y distracción para una minoría de inconformes con el statu-quo, como una manifestación de su enojo para que se sienta representado, pero en verdad no podrá hacer mucho dentro del sistema tal y como está, ya que no cuenta con las alianzas y apoyos necesarios para llevar adelante cualquier cambio político de relevancia.
La ilustración  más clara en Panamá la tenemos en la diputada por el Circuito 8-8  Ana Matilde Gómez. Ella ha resultado ser una buena vocera de las quejas de muchos grupos inconformes, pero ello no se ha traducido en una gestión legislativa conducente a un cambio radical de las cosas. El posible ascenso a la presidencia de la república de un independiente como Gómez no logrará nada si no tiene a los demás órganos del estado en sintonía. Lo mismo vale para un representante de corregimiento o un diputado independiente; sin alianzas dentro del Consejo Municipal o la Asamblea Nacional, este político será solo una fuente de frustración para quienes lo escogieron.

La Trampa de los Números y Activistas

Otro factor que merma la independencia es el condicionar las candidaturas e inscripción de partidos a un número mínimo, esta es la mayor trampa que hayan podido poner los grupos de poder que dominan la política criolla. Para lograr los altos números de inscritos  requeridos supone, la debilitación ideológica de los partidos y candidatos al forzarlos a prácticamente complacer a todos y a nadie. Esto se debe por una serie de factores entre ellos los llamados “activistas”, personajes “populares” o “conocidos” en sus barrios sin mucha preparación formal, “políticos profesionales” cuya única meta en la vida es ser premiados con un puesto en el gobierno o con una «botella» en caso de no ser pagados durante la campaña.

Estos «activistas» son una parte importante del problema de corrupción, clientelismo e ineficiencia del que adolece el estado tanto a nivel nacional como a nivel de corregimientos y distritos ya que se trata en su mayoría de personas que, en el mejor de los casos, son sinceras y leales pero sin mayor formación académica o experiencia profesional y, en el peor de los casos, personas sin escrúpulos, con algo de formación académica y que se venden al mejor postor. Por tanto, como se mencionó con anterioridad, el reclutar activistas y «sumar gente» supone también sumar visiones muy distintas que pueden comprometer los principios con los cuales se están lanzando los candidatos y partidos llegando incluso a tener que pactar y negociar de todo incluso puestos de trabajo y omitir incidir en ciertos temas, por ejemplo el caos urbano.

La Trampa Económica del Proselitismo

La misma actividad proselitista y el esfuerzo de recolección de firmas requieren también el pago de viáticos a los activistas y el pago del material promocional (físico y electrónico) lo que supone un esfuerzo de financiación grandísimo, y he aquí es donde entran los grupos de interés, en especial los hegemónicos con quienes estamos luchando en cada barrio. Ellos le pasan dinero a todos los partidos y candidatos y los comprometen con su agenda, y sin duda lo mismo pasará con los «independientes», de lo contrario estos deberán incurrir, a riesgo propio, en compromisos crediticios que pueden dejarlos endeudados por años con la esperanza de poder ganar sin ninguna clase de garantía. La reducción del tiempo de campaña para reducir costos es un cuento de camino; ya la campaña comenzó en los medios digitales y estos no son gratuitos; los «web masters» y «media managers» no cuestan dos reales.

¿Un Partido Nuevo?

Entonces ¿Qué hacer?, en verdad para que las candidaturas verdaderamente independientes funcionen, se necesita conseguir un unicornio azul. El candidato independiente requiere, bajo el sistema actual, del apoyo de toda una coalición de candidatos independientes, con una visión que gire en torno a una serie de principios comunes, no negociables. Dicha coalición deberá contar además con un fondo común (war chest) con el cual operar y un grupo de verdaderos voluntarios que los respalden. Además los candidatos deben apoyarse los unos a los otros pidiendo el voto para su compañero.

En la práctica este esfuerzo supone formar una especie de partido político, por lo cual quizás se ahorre más esfuerzo y dinero formando un partido político que saque candidatos más que logrando las firmas para cada candidato, lo cual resulta más onerosos y poco efectivo. Otra opción sería afiliarse a alguno de los 5 partidos en formación; Partido Alternativa Independiente Social (PAIS), Unión Nacional Independiente (UNI), Iniciativa Ciudadana (IC), Creemos o el Frente Amplio por la Democracia (FAD).

Unirse a los partidos en formación da la oportunidad de influenciar grandemente en su plataforma política, la cual puede tener un componente de combate a la corrupción, defensa de la vida y valores judeocristianos y de  lucha contra el Caos Urbano. Lo malo es que no se sabe a ciencia cierta si van estar los líderes, sus activistas y financistas en la misma página con todo ello. Sin embargo, por otra parte el voto en plancha para diputados en 2019 somete a los diputados a la línea de la cúpula del partido la cual es susceptible a ser comprada por cualquier inversionista político. Con esto se cierra la posibilidad de que algún político dentro de los partidos tenga ideas «independientes» de los grupos de interés que controlan económicamente los partidos políticos. Por eso sería importante tener pleno conocimiento de quienes financian los partidos antes y durante la campaña y sus nexos nacionales e internacionales. En este punto, la prensa independiente tiene un rol importantísimo que cumplir, pero…hasta dicha prensa es susceptible a ser manipulada y comprada, después de todo en un país pequeño pelearse con los poderes hegemónicos puede resultar en un cerco profesional, laboral y judicial, lo mismo aplica para los funcionarios públicos, activistas y políticos.

Quizás este sea un comentario algo polémico y derrotista pero no puedo evitar expresarlo…¿Estamos fregados? ¿Qué opina?

¿Defensa de la Profesión o Proteccionismo Absurdo?

El Escándalo

Hace poco la Asociación Panameña de Ejecutivos de Empresa (APEDE) organizó un evento titulado “Flexibilidad o restricción migratoria laboral. ¿Qué necesitamos?”, dada en el Hotel Sheraton de la ciudad de Panamá.  Durante esa misma semana, la Sociedad Panameña de Ingenieros y Arquitectos (SPIA) y la Federación de Asociaciones Profesionales de Panamá (FEDAP), denunciaron a un español ejerciendo de manera ilegal la Ingeniería Civil como consultor del Ministerio de Obras Públicas (y anteriormente de la Autoridad del Canal de Panamá) para el 4to puente sobre el Canal de Panamá, un profesional a quien por cierto muchos reconocen su capacidad y conocimientos en la materia y que cobraba una suma bastante elevada por sus servicios; suma que ha sido, con justa razón, la envidia de muchos profesionales locales. Si se analiza desde el punto de vista económico, con el mismo dinero se pudo haber remunerado bien varios profesionales jóvenes locales con maestrías o doctorados en esa área.

Como era de esperarse ambos hechos causaron cierto revuelo en las redes sociales de la SPIA, en especial porque en dicho evento el temario incluía items tan sensibles para el gremio tales como nuestra sacrosanta Ley 15 de 26 enero de 1959, la cual prácticamente limita el ejercicio de las ingenierías, la arquitectura entre otras profesiones (salvo ciertas y limitadas excepciones) al ciudadano panameño con una licenciatura en la profesión protegida. Para más INRI de mis colegas, durante una entrevista un ex-presidente de APEDE, repite el argumento del economista venezolano Ricardo Haussmann de que importar talento ha sido bueno para la economía panameña, declaraciones lamentables por cortoplacistas, al demeritar la opción de educar a la población local ante una situación de déficit de mano de obra calificada y dispuesta para llenar ciertas posiciones.

Escasez de mano de obra: ¿realidad o mala voluntad?

Según un reporte de la firma de recursos humanos internacional Manpower un 36% de empresas establecidas en Panamá reporta dificultades llenando vacantes en diez áreas, entre ellas las ingenierías y posiciones técnicas. Al leerse porque tienen dificultades, se comprende que la situación no se reduce simplemente a las deficiencias de la mano de obra panameña, especialmente en cuanto a formación académica o en habilidades blandas (puntualidad, responsabilidad, etc.), sino en un desacuerdo entre ambas partes sobre el monto de los salarios y beneficios que deben ofrecer los empleadores en consideración de los conocimientos y experiencia de los candidatos. Sin embargo, las deficiencias antes señaladas en parte de la mano de obra local, como también las expectativas poco realistas de algunos aplicantes no son un mito y deben ser también ponderadas y resueltas.

Dicho esto, la APEDE ha sido valiente en cuestionar la legislación vigente y abordar públicamente el debate sobre la necesidad o no de importar recurso humano, lo cual toca una fibra sensible para muchos panameños al tocar los temas migratorio, educativo y laboral. La SPIA y la FEDAP deberían hacer lo propio y no encerrarse en la defensa a ultranza de las profesiones y cuestionar la eficacia de la legislación actual y las razones por las cuales muchas empresas optan por ignorarla impunemente sin caer en juicios moralistas. Se hace necesario contrastar con honestidad la realidad de Panamá tener una economía globalizada de servicios versus el espíritu proteccionista y parroquiano que ha inspirado la legislación que regula las profesiones en el país. Sin embargo, la empresa privada no puede ignorar su deber cívico de ayudar a los futuros técnicos y trabajadores panameños con programas de aprendices y prácticas profesionales con opción de contratación que ayuden a fortalecer y mejorar las habilidades y conocimientos de los trabajadores panameños haciéndolos altamente competitivos y reduciendo la «necesidad» de importar mano de obra extranjera.

¿Está la Ley 15 de 26 de enero de 1959 condenada a la irrelevancia?

En mi opinión leyes proteccionistas como la Ley 15 de 26 de enero de 1959 seguirán haciéndose cada día más irrelevantes para aquellas empresas y profesionales que quieran perfilarse a nivel nacional y global. Es más, a pesar de su discurso, la SPIA por años se ha hecho de la vista gorda ante las acciones de las grandes firmas de la Ingeniería y Arquitectura y entes gubernamentales que contratan personal extranjero; contribuyendo, por omisión, al problema del ejercicio ilegal de las profesiones en Panamá. La prueba de ello es que no se conoce de firma grande alguna que haya sido sancionada ejemplarmente y gracias a ello dada por suspendida esta práctica en Panamá

Por ello, cabe preguntarse porque las reglas se han hecho cada vez más irrelevantes. Una posibilidad es que son tan rígidas que son difíciles de acatar por costosas o por absurdas, otra segunda posibilidad es que no ayudan a los contratantes ponderar el nivel de preparación y experiencia de los profesionales al dar la idoneidad a los profesionales apenas egresan de las universidades. Tampoco existe un sistema de escalafón ni exámenes de barra (como existe en muchos países desarrollados) que ayude a ponderar lo anterior. En Panamá, legalmente un recién graduado tiene la misma posibilidad que un profesional con 30 años de experiencia de competir por la misma clase de trabajos.

En el gremio muchos colegas arguyen lo siguiente basados en el principio de reciprocidad consagrado en la ley: «si tú vas a otro país a ejercer la ingeniería y arquitectura, no te dejan» Y aquí comienza la deshonestidad en el debate tratando de exigir una reciprocidad entre sistemas completamente distintos para obtener una licencia. El problema con ese argumento es que, en la mayoría de países, incluyendo Panamá, ningún nacional o extranjero puede ejercer profesión alguna sin ningún tipo de autorización. Por lo tanto, el argumento se cae solo porque parte de una premisa falsa al suponer que en la mayoría de países la nacionalidad es una barrera que limita el ejercicio de la profesión en beneficio exclusivo de sus ciudadanos, esto es un mito que se destruye simplemente leyendo las normas sobre el ejercicio profesional de extranjeros de diferentes países. La mayoría de países tienen algún requisito de carácter técnico y académico que se tiene que cumplir para obtener ya sea una licencia, matricula o certificado de idoneidad temporal o permanente. He aquí donde parte la deshonestidad en todo este debate sobre la llamada «defensa de la profesión»: los países discriminan por razones técnicas, no por nacionalidad. En otras palabras, un panameño, siempre y cuando cumpla con la legislación migratoria y pase por los requisitos de experiencia y conocimientos certificados que impongan los gremios pueden conseguir trabajar y certificarse idóneos en dichos países. En Panamá, ni aun cumpliendo con la legislación migratoria se abre vía alguna para el ejercicio profesional para los extranjeros.

En Panamá la legislación es absurdamente proteccionista, fue hecha para proteger puestos de trabajo y negocios, no el buen ejercicio y desarrollo de las profesiones. La ley es tan poco técnica y tan nacionalista que ni siquiera considera el caso de quienes estudian aquí. Si se supone que se está confiando en que las universidades están aplicando los filtros necesarios para que solo egresen personas idóneas para ejercer la profesión, entonces debería permitirse a todos los que estudiaron en Panamá dicho beneficio. Si el beneficio de la convalidación es concedido al panameño que estudia fuera y regresa al país ¿Que excusa existe para negárselo a alguien que quiere convalidar y poder trabajar en Panamá bajo ciertas condiciones?

Siendo así, nunca se podrá dar reciprocidad alguna como tanto reclaman los defensores de la profesión, simplemente se está comparando sistemas con criterios muy distintos, unos con criterios técnicos…y el nuestro con criterios nacionalistas y reproductivos, al exigir como criterio de acceso, nacionalizarse o el estar casado con panameño/a o con hijos panameños. Si se quiere que no se siga irrespetando la ley, el camino es una nueva ley que regule las profesiones en Panamá. Una ley que esté a tono con las realidades tanto locales como globales y que sinceramente permita la reciprocidad, homologando términos y condiciones con otros países de la región y del mundo. Una ley que privilegie la capacidad técnica y cognitiva mediante escalafones y grados. Una ley que permita el libre intercambio de ideas con el mundo entero. Una ley que proteja la profesión y no puestos de trabajo. Los puestos de trabajo se defienden demostrando capacidad técnica y profesional y no artificialmente. Si se quiere limitar el acceso de extranjeros al mercado laboral, esto se debe lograr a través de una reforma migratoria que sea sencilla de aplicar y que la mayoría de los actores sociales y económicos quieran respetar. Ciertamente las fronteras no pueden abrirse de par en par, saturando el mercado laboral a tal grado que se degraden las condiciones laborales. En este sentido la empresa privada tiene un deber moral de no dejar atrás a los jóvenes desempleados panameños sin habilidades para integrarse al campo laboral. La empresa privada debe invertir en programas de aprendices que ayuden a los jóvenes a tener un oficio técnico o profesional y la sociedad en general tiene el deber de reasumir la tarea pendiente de hacer las reformas educativas y de política familiar necesarias para formar a más panameños productivos

Seguir insistiendo en el contrasentido de en un sistema proteccionista inaplicable en el contexto de una economía de servicios globalizados como lo es la economía panameña, es venderle una ilusión a los profesionales y trabajadores panameños y abona a su frustración con la clase política y al discurso de xenofobia que destilan algunos grupos pseudo-nacionalistas capitalizado por políticos inescrupulosos, con fines poco conocidos. Dichos grupos y políticos no piensan a largo plazo, con los mejores intereses de desarrollo del país en mente, abogando por el aislacionismo que protege solo sus bolsillos. En su lugar debemos abogar por una política nacional de desarrollo, a largo plazo, que incluya políticas migratorias y laborales que ayuden al desarrollo de todas las regiones del país. Ojalá la clase política asuma el reto legislativo que supondrá llevar a cabo estas reformas, de lo contrario seguiremos bregando con un sistema de cosas hipócrita e insostenible.