20% de desempleo ¿Qué vamos a hacer?

20% de desempleo en Panamá para finales de 2020, según el diario La Prensa del 19 de mayo de 2020. Digiramos esa cifra por favor y dejemos repose en nuestra mente…¡¿Y QUE ESTAMOS HACIENDO AL RESPECTO?! Pues muy poco, o somos muy lentos reaccionando.

Si lo piensan bien, esa revelación no debería ser ninguna sorpresa, muchas «suspensiones» son en realidad despidos disimulados y sin consecuencia (no pagan primas de antigüedad, vacaciones acumuladas, etc.) al poner al empleado en un limbo laboral, hasta que logre enganchar un nuevo trabajo (con lo cual renuncia a sus derechos anteriores).

La crisis del Coronavirus y el estado de emergencia le cayó como anillo al dedo a muchas empresas con ingresos cada vez menores y que estaban agonizando entre asumir los costos de liquidación de muchos empleados, no perder su capacidad instalada o evitar la bancarrota.

Y eso que tampoco estamos hablando de los recortes salariales disimulados en las «media-jornadas», pues se trabaja igual o más (si consideramos que muchos asumen los roles de ex-colegas o el peso de la eficiencia tecnológica), eso es, si el empleado se deja claro está. Pero, ante el escenario entre ser explotado y estar sin empleo creo que nadie sería tan insensato en preferir lo último.

Un empleador podría decir que los empleados deben ser conscientes de la situación y que si se manejan con todos sus derechos garantizados quedarían todos solo con sus derechos protegidos pero sin poder traer el pan a la casa ni empleador, ni empleado. La realidad es que no estamos en los tiempos de bonanza y todos debemos apretarnos el cinturón.

Muy bien… ¿pero no están los empleados en cierta forma participando de los riesgos de las empresas? ¿Si es así, no merecen también participar de las ganancias? Y no me refiero a bonos, sino en participación accionaria o un préstamo con intereses pues la parte de salario que se está cediendo está financiando a las empresas hasta lograr su recuperación financiera ¿o no? Podrían botar al empleado y pagar las liquidaciones correspondientes, pero el costo de oportunidad perdida por ello podría ser mayor que el de retenerlos para echar el hombro junto con los dueños de empresas.

Si bien se supone que esta situación es temporal, en esta parte del mundo lo temporal se convierte en permanente y se está sentando el precedente para futuras crisis empresariales. Es cierto que la legislación laboral necesita ser flexible para no destruir a las empresas de todos los tamaños, y la fuente de ingresos de la inmensa mayoría, pero no puede ser un juego de suma cero. Es hora de encontrar el equilibrio. Si el salario es una forma de participación en las ganancias en tiempo de normalidad, lo justo no es simplemente botar al empleado o recortar su salario de manera subrepticia, lo justo es hacerles partícipes de las soluciones para echar las empresas adelante y conservar el bienestar de todos los involucrados.

En fin, esa cifra en realidad iba salir a flote con o sin coronavirus, lo que hizo la pandemia fue evidenciar la realidad oculta. No hay suficiente dinero ingresando al país como para sostenernos a todos por lo que cabe preguntarnos ¿Qué vamos a hacer?

También sale a la luz el estilo gerencial arcaico que ve al empleado como siervo y no como un socio clave. Con el teletrabajo, las relaciones laborales cambiarán hacia formas más precarias de trabajo, ya lo verán. La mayoría de puestos en el sector servicios pasarán paulatinamente al «gig economy» o dicho en buen panameño pasan a la «economía del chivo o camarón», por lo que en un futuro no muy lejano muchos empleados (no todos) pasarán a ser pequeños empresarios (camaroneando), con todas las responsabilidades y presiones que ello conlleva y dispensando al empleador de ellas. Ser un pequeño empresario conlleva ciertas prácticas y una disciplina personal que permita la sostenibilidad y sobre todo garantice un retiro decoroso.

Dichas prácticas incluyen el ahorro, los horarios, las fechas de entrega definidas, la búsqueda constante de clientes, manejar clientes distintos al mismo tiempo y sobre todo, el saber negociar y defender lo suyo. Y es en este punto donde somos más vulnerables pues requiere reconocer con humildad y orgullo el valor de nuestro trabajo, no medida en dinero por horas/hombre, sino por el valor de nuestros entregables en sí para nuestros cliente que se beneficiarán de nuestro trabajo (revendiéndolo o como insumo para un producto de mayor valor) y saber medirlo en dinero. Esa no es una ciencia, eso es un arte que tarda años en amaestrar.

También requiere saber cobrar efectivamente, otro arte difícil para muchos, en especial porque requiere reconocer la credibilidad de un potencial cliente y su capacidad real de pago a tiempo. Más importante aún es tener la disciplina de no gastarlo todo y administrar bien los recursos. Hay que apartar dinero para impuestos, seguro social, seguro de salud, para imprevistos de la empresa, para reinversión, etc. y por supuesto en base a ello calcular cuánto nos queremos ganar mensualmente de manera realista y sostenida. Por supuesto que a la hora de dar precios hay que saber cuánto nos va costar en el tiempo los impagos de nuestros clientes y cobrárselo por adelantado dependiendo de su reputación y credibilidad.

Y no crea que porque usted tiene un puesto gubernamental está exempto de esto, los municipios por ejemplo tuvieron que pedir ayuda para poder mantenerse momentáneamente a flote y el gobierno nacional tuvo que pedir prestado en el extranjero. La razón es sencilla, sin nuestros impuestos ustedes no pueden vivir, por tanto debería usted empleado público (o municipal) ayudar a que su representante de corregimiento, alcalde o ministro logre incentivar las actividades económicas en sus corregimientos, municipios o provincias. Es importante atraer inversiones y cobrar los impuestos sobre la tierra y las actividades económicas en donde están. No puede ser que vivan sólo de lo que les envía el Municipio de Panamá en base a lo que generan los pocos corregimientos ricos de la capital o con préstamos internacionales. ¡Pónganse las pilas! De lo contrario quedará camaroneando como el resto.

Si no saben cómo lograr que su gobierno se ponga las pilas, bueno, pueden contratar consultorías con nosotros los profesionales en planificación regional y urbana, los economistas y un largo etc. No se roben la plata que eso es pan para hoy, hambre para mañana. Si lo piensan bien una recuperación económica en sus corregimientos podría redundar en aumentos para ustedes o nuevas oportunidades de trabaja para ustedes, hijos o nietos.