Apuntes novembrinos: El Estado del Istmo Centroamericano
Por Carlos Antonio Solís Tejada
Es noviembre y como todos los años celebramos las fiestas patrias, una ocasión propicia para reflexionar, entre fanfarrias, desfiles y discursos nacionalistas, sobre aquella tan cacareada ´falta de rumbo´, un norte, un plan y hasta de un “estadista” (entiéndase un caudillo iluminado cuasi-mesiánico que vislumbre y dirija los destinos del país), comentario suelto que suele escucharse cada cierto tiempo, especialmente por personajes con cierta pretensión de intelectuales profundos (muy probablemente encarnado por algún izquierdoso, además muy probablemente con algunos traguitos de por medio) en cualquier fiesta familiar, entre amigos o quizás también de la boca de algún locutor de radio o presentador de televisión.
Para serles honestos, si nos fiamos de la hechos históricos, creo que muy pocas repúblicas hispanoamericanas pueden presumir de tener un norte claro, pues así nacieron, sin rumbo claro, en medio de la confusión política que trajo la invasión napoleónica a España en 1808 pasando las élites criollas de formar juntas autónomas que defendían la legitimidad del Fernando VII, ante la usurpación francesa, tal y como se habían dado en la península, para luego radicalizarse algunas de ellas formando movimientos independentistas. Panamá no era la excepción, si consideramos que, por un periodo de trece años, entre 1808 a 1821, se mantuvo como territorio realista repeliendo invasiones independentistas a la Ciudad de Portobelo (y el incendio de Taboga), aportando dinero y tropas panameñas a la causa realista y siendo base de operaciones de las tropas realistas que combatieron a los rebeldes en Sudamérica (dirigidas algunas por panameños como José de Fábrega y José Remón ), por lo cual resulta extraño el giro repentino que se dio en noviembre de 1821. ¿Será que no fue hasta que la causa realista comenzara a ser derrotada militarmente en México, Centro y Sudamérica y ante la amenaza real de una invasión desde Cartagena, que la elite capitalina, representada por su cabildo, estimara conveniente mejor prevenir que lamentar cambiándose al bando independentista, evitándose sobre ellos su venganza? De llegar a ser cierto, quedaría claro que desde el principio los habitantes del istmo, sin planificación previa, sin norte, se reintegraron a la Nueva Granada, una república bananera que como el resto de repúblicas bananeras, no tenía rumbo claro y cuyas élites criollas después de fragmentar mezquinamente la unidad del continente, pasaran a matarse arrastrando al resto en constantes guerras civiles y golpes de estado que en ocasiones fragmentaban la nueva república en mini-repúblicas que animaron más adelante la separación de Panamá en 1903.
Sin embargo, ¿No será más bien que el istmo de Panamá ha tenido un destino que ha sido determinado, no por expresa voluntad de sus habitantes, sino por voluntad de Dios mediante su particular posición geográfica? ¿Tendrá el istmo de Panamá una vocación marcada por el hecho de ser desde siempre un cruce de personas, ideas y mercancías del mundo entero? Sobre la vocación geográfica, este es un hecho incontrovertible reconocido por propios y extraños en distintas épocas desde la Conquista hasta nuestros días y ciertamente este es un dato que trasciende nuestra realidad inmediata, pero quizás no hace particular al istmo de Panamá si se piensa en el Bósforo, Suez o la Ruta de la Seda.
¿Será que el destino transitista, o transitismo, -como lo acuñó Castillero-Calvo, se ha convertido sin quererlo en la base sólida sobre la cual se ha ido construyendo la identidad de los istmeños no importa si se es capitalino o interiorano? El camino de Cruces, el Ferrocarril de Panamá, la repentina y escasamente planificada separación de Panamá de Colombia para facilitar la construcción del Canal de Panamá por parte de los Estados Unidos, la plena recuperación del control sobre la ruta transístmica por parte de los istmeños y los ingentes esfuerzos de la élite capitalina en desarrollarla a través del conglomerado logístico multimodal marítimo, terrestre y aéreo y el Centro Financiero Internacional parecieran confirmar esa larga historia marcada por ese destino transitista. Pero, eso solo sería cierto desde un punto de vista centralista de la historia panameña, donde los hechos que importan son solo aquellos acaecidos en la ciudad de Panamá y la ruta transístmica con alguno que otro hecho tangencial en el interior o en el Darién. Hace falta entonces rescatar a profundidad y popularizar la historia económica social y cultural del interior y el Darién además de como encaja esta historia en el contexto regional para tener una visión completa de lo que ha sido y puede ser Panamá.
Por tanto, si queremos explotar todo el potencial del istmo es menester trascender el mero transitismo con metas más ambiciosas que hagan de Panamá el punto de partida de una Patria más grande. Pensemos como sociedad en grande con nuevas metas que vayan más allá del Canal de Panamá y las Áreas Revertidas comenzando por la conquista de la mente y el espíritu de los panameños poniendo fin al atraso educativo y la decadencia cultural y espiritual que nos ha caracterizado desde siempre. Este es un tema que ha sido siempre un rompecabezas para las mentes más preclaras que han nacido en Panamá y que por ahora no tiene visos de resolverse en el futuro inmediato si no se está dispuesto a incomodar a todos los actores involucrados, comenzando por las familias como primera escuela; una institución devaluada y vulnerada de distintas formas por el machismo y el estado de relativa barbarie y de pobreza moral de muchos istmeños . Sin la consolidación de la familia panameña, cualquier esfuerzo de reforma académica y del magisterio caerá en saco roto.
Con una sociedad elevada espiritual e intelectualmente, paso seguido, se hace necesaria la conquista e integración del Interior, el Darién y las zonas indígenas. El problema del agro que padecen quizás no sea tal si se piensa que en realidad el sector agropecuario debe enfocarse hacia la exportación y el procesamiento de sus productos más que en el abastecimiento del mercado local o la agricultura, ganadería y pesca de subsistencia. Los avances técnicos agropecuarios desplazan gente y esa gente hoy por hoy es la peor paga entre todos los sectores económicos del país razón por la cual seguirán migrando a las urbes. Invertir en el agro pensando que volverá a ser el gran empleador del interior y las comarcas indígenas es meter plata en un barril sin fondo. A esa masa campesina interiorana e indígena hay que reeducarla y reentrenarla para ganarse la vida en el sector industrial y de servicios a la par de incentivar el establecimiento de industrias básicas en el interior del país y de ser posible en las comarcas también. El Instituto Técnico Superior Especializado próximo a funcionar es un paso necesario en esa dirección.
El sector industrial paga mejores ingresos lo cual atrae otros servicios atrayendo a la gente de vuelta a las provincias y comarcas e impulsando el comercio y la construcción. Esto impulsará la urbanización del interior y las comarcas y dará mayor competitividad a sus ciudades. Para ello, su plena conectividad con el conglomerado logístico del canal y los servicios del Centro Financiero a través de una red de transporte moderno, incluyendo un ferrocarril y autopista desde Costa Rica hasta Colombia es clave.
Seguidamente debemos atacar el problema institucional radicado en la esquizofrenia social marcada por estar los panameños entre el deber ser un gobierno democrático centralista y lo que la mentalidad hispanoamericana y panameña en realidad demanda, un estado liderado por un soberano sabio con gobiernos locales fuertes y autónomos y justicias locales independientes que resuelvan directamente los problemas del pueblo. Si no se resuelve esta dicotomía constitucionalmente, con municipios fuertes y autónomos unidos por un gobierno central encargado de los temas macro, la sensación de falta de rumbo seguirá persistiendo, en la forma de caudillos políticos con disfraz republicano.
Una vez lograda dichas metas culturales e institucionales, debemos apuntar hacia la integración económica y política con Costa Rica conducente a una unificación en un solo estado. Panamá y Costa Rica, son los países más desarrollados de América Central y quizás los más compatibles. Su complementariedad se basaría en el aporte tico de sus avances institucionales, educativos, culturales, industriales y turísticos y el aporte panameño de su know-how financiero, logístico y constructivo. Dicha integración sería incompleta sin la consiguiente integración política y económica de Nicaragua, que ya aporta parte de su mano de obra excedente a Costa Rica y Panamá. Para ello habría que invertir en la construcción del Canal de Nicaragua, sus terminales portuarias y en base a ello acelerar su desarrollo humano y el de la zona norte de Costa Rica. Con la integración de Panamá, Costa Rica y Nicaragua en un solo estado se sientan las bases de una potencia regional impulsada por dos canales y nodos logísticos, bajo la misma administración complementándose y no compitiendo entre sí.
El futuro estado istmeño contaría además no solo con una red de puertos y ferrocarriles en el atlántico y pacífico con Bluefields, Limón y Colón complementándose entre sí sino con un recurso humano talentoso, trabajador y abundante conformado por más de 16 millones de personas exportando productos istmeños de valor agregado y reexportando de otras partes del mundo convirtiéndose así en uno de los emporios logísticos, industriales, financieros y comerciales más grandes de Occidente. De llegar a concretarse este nuevo estado, el mismo podría paulatina y progresivamente integrar al resto de América Central al nuevo estado istmeño desarrollando y conectando por ferrocarril al resto del istmo centroamericano convirtiéndose así en una potencia económica hispanoamericana mediana similar a Colombia o Perú. Si bien estas ideas sencillas suenan muy ambiciosas, para eso son las visiones de estado, piense que hace más de un siglo nadie se imaginó que lugares tan marginales como Panamá y Costa Rica llegasen a estar entre los países más competitivos de América Hispana. Diseminemos estas ideas y no temamos pensar en grande, la alternativa es el atraso y la pobreza sempiterna bajo repúblicas bananeras.
