Panamá, Mas allá del Proyecto de Ley 415 de 2012: La crisis del centralismo panameño y la necesidad de un plan nacional de desarrollo.
por Carlos Solis-Tejada
En entrevista concedida al diario La Prensa de Panamá, el obispo católico de David, Monseñor José Luis Lacunza, señalo con gran lucidez, que el problema de los pueblos Ngobe y Bugle “…es una situación muy vieja” que no se termino de solucionar con la creación de la comarca en 1997 dando a entender que el mismo no se limita a la minería a cielo abierto o a la construcción de hidroeléctricas en su territorio (ver articulo anterior) mas bien se trata de un problema de carácter estructural: la falta de un plan de desarrollo para la Comarca Ngobe-Bugle.
Las palabras de Monseñor Lacunza no deberían ser tomadas solamente como un diagnostico de la situación en dicha comarca sino también como un diagnostico de uno de los males que aqueja al país en general: la falta de un plan nacional de desarrollo discutido y concertado ampliamente por la ciudadanía.
Nuestro gobierno dice tener uno, pero en la humilde opinión de quien les escribe en el supuesto de que existiese, el mismo no ha sido divulgado o concertado con la suficiencia debida. El gobierno panameño perdió una oportunidad de oro para convocar a todos sus ciudadanos para fijar el rumbo hacia el desarrollo que todos quieren cuando suspendió el proceso de descentralización gubernamental en 2009 .
Este proceso tenia entre sus elementos el desarrollo de un proceso de planificación regional donde cada corregimiento hubiera presentado su plan de desarrollo para ser integrado a los planes de desarrollo municipal, provincial o comarcal que luego pasarían a formar parte de un plan de desarrollo nacional.
Lastimosamente el gobierno del Presidente Martinelli decidió mantener el sistema centralista en pos de un mayor control y discrecionalidad presupuestaria con la cual extender dadivas, financiar sus grandes obras (y algunos dirían que hasta robar con los sobreprecios en las obras y contratos) en lugar de invertir en el futuro para poder cosechar políticamente en años venideros los réditos que se hubiesen producido con el desarrollo promovido por la descentralización.
Desafortunadamente para los pueblos originarios y otros grupos marginados de la presente bonanza económica del país, la bondad gubernamental esta mas enfocada en captar a corto plazo el favor de las áreas urbanas del país donde vive una masa critica de personas dependiente del gobierno y del partido Cambio Democrático.
Solo con un plan de desarrollo nacional amplia y sistemáticamente discutido, con los aportes de cada comunidad, se puede garantizar que la voluntad de todos sea escuchada para luego pasar a discutir los lineamientos socio económicos a nivel nacional con todos los grupos de interés. Esto nos hubiese evitado los lamentables incidentes acaecidos en los últimos días que se han saldado con muertos y el descrédito y la erosión del gobierno de CD ante un numero creciente de panameños concientes y ante organismos y gobiernos extranjeros.
Con un plan de desarrollo nacional concertado ya se hubiese superado el presente debate ambiental y garantizado los derechos culturales y económicos de los pueblos originarios en armonía con los objetivos y necesidades de desarrollo económico y social del resto del país y no hubiese existido el saldo, aunque mínimo, de muertos en Bocas de Toro y Chiriquí.
Sea cual sea la definición que se tenga de desarrollo, creo que una definición común involucra por lo menos un incremento optimo del nivel de bienestar material y espiritual del ser humano. El desarrollo nacional, me parece esta íntimamente ligado a los recursos naturales, tecnológicos y humanos a disposición. Entonces el gran dilema del desarrollo nacional esta en como reconciliar esos fines con los deuda en materia de justicia económica y social que se le debe a los pueblos originarios la cual no ha sido saldada efectivamente a pesar de muchos de ellos contar con regimenes de autonomía ofrecidos por las comarcas indígenas.
Los Ngobes, Bugles, Kunas, Emberas y Wounan, estan votando con los pies migrando a las ciudades al igual que los campesinos hispano-mestizos lo cual refleja no solo las consecuencias de las políticas enfocadas excesivamente en la promoción del sector servicios sino también la grave crisis del centralismo panameño.
Ciertamente no se puede argüir positivamente sobre los beneficios de la minería a cielo abierto, sin embargo, no creo que haya mucha discusión en cuanto a la necesidad de asegurar el abastecimiento energético, mas si se logra con recursos propios del país como lo es su potencial hidroeléctrico. Lograr abastecernos de electricidad localmente no solo con energía hidroeléctrica, sino con el sol, el viento o las mareas es una forma a largo plazo de reducir los costos y de independizar el país de los vaivenes políticos y sociales de los países productores de petróleo. ¡Este es un problema de desarrollo y seguridad nacional!
Por tanto, es necesaria una discusión seria y profunda para resolver este dilema, mantener el status quo con intransigencia y precondiciones no va resolver a largo plazo el problema no solo de los Ngobes y Bugles sino el de todos los panameños. Por tanto es menester que los panameños maduren y no permitan ser manipulados sentimentalmente no solo por el gobierno sino por grupos con intereses muy particulares en especial los grupos de extrema izquierda, los grupos ambientalistas y de derechos humanos sectarios y sobre todo por los políticos de oposición.
A muchos les molestara esta opinión pero es mi parecer que todos estos nuevos (y no tan nuevos) aliados de los indígenas de alguna manera u otra utilizan en provecho propio las causas de los pueblos originarios sin necesariamente creer en ellas. Mientras los indígenas no toquen los bosques, diezmen especies en peligro de extinción o alteren significativamente el hábitat natural tendrán a los ambientalistas como amigos. De igual forma mientras los pueblos indígenas sigan rechazando toda iniciativa de desarrollo capitalista encontraran en la izquierda radical un amigo y mientras sigan aplicando métodos desesperados e irracionales de protesta y jugando al victimismo tendrán en los grupos de derechos humanos un amigo. Y finalmente, mientras no estén de buenas con el gobierno los partidos de oposición serán sus amigos.
Grave dilema para los “hermanos indígenas” pues sus supuestos amigos, en realidad quieren que los pueblos indígenas asuman el rol que mas les convenga a estos actores extranjeros y de clase media/alta nacional y no los genuinos intereses de ellos mismos. Hacer lo contrario les convierte en seres ingratos y traidores. ¿No se trata pues de una nueva forma de colonialismo?
¿Qué hacer? Tres cosas: 1. Un nuevo contrato social, un plan de desarrollo que establezca una sociedad de bienestar y donde todos los panameños sean incluidos y todo este abierto a debate, discusión y consenso. 2. Una nueva constitución que no solo desmantele el presidencialismo sino el centralismo excesivo y sea tan bien hecha que no se necesite una nueva en mucho tiempo. 3. Un proceso de constante actualización y perfeccionamiento del modelo de desarrollo socio-económico de Panamá que lo mantenga al día con las nuevas necesidades del país. Ya que lo esta haciendo bien, la Iglesia debería hacer de mediadora y facilitadora de dicho proceso.
Puedo estar muy equivocado, pero esta es mi muy humilde opinión.
¿Y usted, que piensa?
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